miércoles, 15 de abril de 2020

Arquitrabes XXXVI: efecto secundario de la mascarilla




         Su obesidad no se apreciaba por fuera. No se le notaba si no hablaba, si lo veías de lejos paseándose. Vivía sobrealimentado de ego.

         Con el confinamiento no había ocasión de cruzárselo por el barrio. No hasta el domingo pasado. Subía por la avenida, enguantado y enmascarado, muy dandi en su disfraz aséptico. En la intersección de miradas, por encima del cubreviasrespitarorias, lo vi colosal, más ensimismado que nunca, más gordo por dentro.

         Pensé: “como dure mucho esta situación va a reventar. El efecto turbo de su aliento en la mascarilla, el exceso de yo alentado por él mismo en cada exhalación inhalada, lo va a matar de éxito”.

         La televisión local dio el miércoles la noticia: 

El ciudadano D. O. M., protegido y protegiente con su mascarilla y sus guantes homologados, cayó el domingo 12 de abril sobre el parterre de la avenida Icaria después de haberse elevado unos cincuenta metros, según un testigo y su perro, y de rebotar, ya cadáver, sobre el césped. El equipo de emergencia sanitaria ha referido a esta redacción que el impacto, que lo reventó, no le desfiguró una inquietante sonrisa de autosufiencia complaciente”.
        


martes, 7 de abril de 2020

Destellos C


 
Georges de La Tour. "San José carpintero" (fragmento), 1642. Museo del Louvre. Óleo sobre lienzo: 137 x 103 cm

        
         El 27 de marzo de 2011 empecé esta serie que hoy cumple cien ventanas. Nueve años de construir con fragmentos, entre lo aforístico y lo lírico: el aerolito, la ocurrencia, el fogonazo o la humilde epifanía han ido dando cuerpo a un silencio fértil. Este millar de Destellos es, en realidad, mi forma de compartir el mundo. No me concibo viendo mi alrededor sin el caleidoscopio lírico de las gafas de mi mirada. Cuando a impresión persiste, el Destello muta en Destello domado: la impresión se hace idea y cobra un cuerpo de poema del que el centelleo iluminador es chispa seminal. Los Destellos son, pues, abortos de poema. Pero con entidad suficiente para que quien lo transite pueda desarrollarlos si quiere.

         En  casi una década ha cambiado mucho casi todo. Las relaciones personales, la dependencia de las prótesis tecnológicas, la esperanza… Mi sentimiento lírico también es diferente: ahora es más intenso, más persistente, más resiliente en su trenzarse con el pensar filosófico, más mesiánico introspectivo. He crecido, como el niño de los cuadros de Georges de La Tour, a la luz íntima y amparada que, sanjuanianamente, en mi corazón ardía. El ruido destilado en susurro lírico: eso me ha ido salvando. La pausa de la palabra para retener la precipitación compulsiva impuesta por las inercias: eso me ha revelado la rebelión íntima, el actuar en círculos abarcables con la voz sin altavoz. Salpimentando de ironía trágica la comedia del teatro pixelado del mundo.

         Estos Destellos vienen para ser la versión pascualina de esa “penúltima bondad”, de esa “resistencia íntima”, de esa “nueva ilustración radical” con la que nos enseñan a vivir en las “prisiones de lo posible” Josep Maria Esquirol o Marina Garcés. Una filosofía lírica de “yo común”: una épica íntima y deslavazadamente orgánica de vivir viviendo y vivido, pensando lo sentido y sintiendo lo pensado, en la tregua sin trinchera de ser y querer seguir siendo.
        



En cuerpo de tortuga centenaria, mover el cuerpo lento: mover la mente rápido, pero sin prisa.


Náufrago de una isla solidaria.



Un clavo para atar el poema para que no se vaya volando por donde vino: la palabra.


De os, canutos y pedagogías. Es el nuevo conflicto cognitivo para motivar la disrupción reveladora de neurotalentos emprendedores sin memoria (“ni falta que les hace”, apostilla con otras palabras impostadas de retórica hueca en implementador de contenidos curriculares competenciales).


Bajo la piel del mundo hay otro mundo sumergido que emerge en la emergencia abrupta. Tocan las campanas “¡al arma!” y salimos a la calle de nuestra mente armados de poesía.


Sobre héroes y tumbas dentro del túnel.

Héroes por amor a un mortal, siendo ellos mismo mortales. Esa es la heroicidad.

Monjes cenobitas alimentados del panal de la memoria. Eremitas estilitas de nuestro desierto fértil de recuerdos y literaturas. Ante el vacío succionador de la desesperanza como un estimulante agujero negro de posibilidades enhiesto de futuros sin presente.


Semen de palabras.


Juego de palabras trascendente: “alienación”, “alineación”; “vida”, “visa”. Combínese como convenga.





lunes, 6 de abril de 2020

Destellos XCIX




 
La llama vaginal del pecho es el corazón de la mente: paraselene de la bondad concéntrica


        
Como el cero, cuando se cuenta porque tiene presencia gráfica, también nos numera los afanes desde su nada, estamos en el umbral de los cien “Destellos”. Hasta ahora, en todos se cernía la amenaza. En esta entrada ya la tenemos dentro de cada uno. De cada uno dentro de su casa. Un miedo medieval contemporáneo: un pecado invisible que nos hace responsables sin haber pecado del pecado propio y del ajeno. Enajenados de tan ensimismados, de tan puenteados desde el cordón umbilical de la pantalla hacia el turista y cliente que seguimos siendo al otro lado del espejo sin país de maravillas. Buscamos lo que hemos querido que nos pongan  (política de “cookies”  mediante) en el destino, lugar con attrezzo exótico de lo previsible y satisfelicitorio. 

Del barbecho, si sembramos otras semillas, sacaremos el provecho de una fertilidad florecida en la oportunidad real. La tectónica de placas de una lucha de gigantes latifundistas debe dar paso a los huertos personales del vergel del mundo. Una globalización humanista es lo que necesitamos, no una uniformización económica: lo común en la diferencia cultural: lo humano que fagocite el negocio genocida de lo humano.


        


Expansión de concentraciones: diáspora de semillas: la vida.


Cuarto menguante. Mundo creciente.
Cuarto creciente. Mundo menguante.
La luna es el sol triste que ilumina tu rincón en el universo.


La infancia es una raíz a la que la dejamos crecer en tronco para poder llegar a ser flor y fruto. Las ramas son el recuerdo presente de su deuda vital perenne.



Sumisos por seducción, dejamos colonizar nuestra intimidad. La libertad se pierde al pagar gratuidad para ser libres.


Motiva el siemprelomismo del adánico empezar.


Mirada divergente para converger en el horizonte del mundo para verlo y sentirlo
Mirada convergente para divergir en el horizonte sin horizonte de la pantalla para vivir en simulacro.
Panóptico: Claudio, el rey impostor, y Polonio, el chambelán a sueldo,  nos observan tras el azogue.


Centro del alrededor. La Kaaba en la Meca, Wat Phra Dhammakaya en Bangkok o la Cruz en la Girola deambulatorio del cristianismo no son más corazón que la bondad en el mundo: gira la acción sobre los centros, kantianamente.

Duele ser arista de cambio. Restañar las heridas con arte kintsugi o empaquetar en burbujas de plástico de nada reciclada la obsolescencia inducida son dos caminos del progreso.


Agonizar de inteligencia tecnificada, morir de civilización. Asepsia. Vivir enfundados en preservativos mentales.





sábado, 21 de marzo de 2020

Haikus L


 
La playa de la Torre de Cope, antídoto contra las invasiones del alma. Atalaya a pie de agua contra la alarma





A Gabriel Muñiz,
por “obligarme” a pensar en haikus para trascender la mirada


El mundo nos  acompaña siempre, sobre todo cuando estamos solos. Llevamos mar en los ojos cuando el mar queda lejos: como una rosa de olas nos acaricia de mareas presentes. La clausura abre el océano mental, nos lleva en su vaivén, nos libera de los lastres abrasivos de un tiempo prestado que constriñe nuestras fronteras interiores. Ahora estamos y somos desde dentro, aislados en el continente inexplorado en que vivimos realquilados siendo propietarios. Nos rezamos y rezamos al universo en que somos, ahora en reflexión  sin reflejo, en reciprocidad biyecticamente humana: somos uno y somos el otro y nos necesitamos. Primero hay que ser en soledad.

El mar ausente nos da lecciones de olas para ser en la duración del volver desde la aparente destrucción, que es siempre recomposición para seguir siendo.




       Pétalos de agua.
Azul, vacuna el cielo
toda alarma