miércoles, 18 de enero de 2017

Bodegón






                                      

     La rosa se marchita al calor del hogar.




La sombra que nutre toda luz



          



        

                                       

        Esta sombra ha venido para quedarse. Se ocultará bajo la sombra de la luz. Echará raíces y germinará de noche el envés del suelo. Para quedarse, en silencio, al acecho.






Trascendencia del sueño



 

"The sleep of the beloved" (Paul Schneggenburger)




         Liras para aplacar, en estéreo, el son del animoso viento y de los excesos de movimiento. Compartir hueco, dar a luz en la sombra binaria unidad. 

La mañana sabrá premiar la conjunción astral de cuerpos: mi voz habrá aprendido a rimar con tu voz.




    Quiero dormir contigo
para sentir el beso del amor,
encastado al abrigo
de tu cuerpo y su olor,
ebrio de vida en su dulce sopor.

    Contágiame tus sueños,
vísteme por dentro con los deseos
que, desnudos y dueños
de vaivén y escarceos,
el alba exhibirá como trofeos.
 






"The sleep of the beloved"  (Paul Schneggenburger)

 

jueves, 12 de enero de 2017

Destellos LXXVIII



 
En su jardín, el sol de la tarde alarga la muerte de la naturaleza muerta.



El dinero es obsceno. Y la sangre cruel. Por eso el trueque es silencioso, intangible para activar la materialidad: confesarse ante un cajero automático mientras circula la vida por el cuerpo sin pedir permiso. El peaje de vivir sigue siendo doble en un trenzado de eje amoroso: salud, dinero y amor, como rezaba la canción, son los mimbres del ser. Pero el dinero es obsceno y necesitarlo, cuantificarlo, enriquece la usura. Y la salud, cuando se hace consciencia, empaña el vivir. El amor, como el vacío taoísta, todo lo llena. Su ser inalámbrico es la única conexión real.
        




¡Qué sensación de independencia este depender de quien vende la libertad!


El punto es el nódulo axial de la dirección y sentido de cualquier recta. Inicio y fin de camino, jánico. Puente, cruce entre tierra y agua o carretera y vía o vereda y sendero o arena y mar. El punto también abre una senda hacia adentro. La más importante: la del trayecto de la duración del presente.


Azar: algoritmo tan complejo que solo un superordenador de las dimensiones del universo puede cifrar en orden humano.


Lo nuevo reclama su derecho a envejecer.


Este instante contiene todos los tiempos. Sabes de qué te hablo, amor.


Cultura de voz de navegador.


Anagogía delicuescente: como una columna de humo, enajenarnos en la vocación de eternidad.


Hay un silencio lleno de voces: las de la esencia de la belleza que no caduca, las de la voz sin lengua de los sentimientos, las de todos los relativos del absoluto.

Contagiar felicidad es esencia de la felicidad misma. La felicidad en soledad es una isla sin mar.






domingo, 8 de enero de 2017

Destellos LXXIX



 
En una libreta caben los cabos de luz que pueden ser destellos o sombra.



Como la luz de las estrellas, los destellos convergen aquí desde otros tiempos y otros espacios. Es el terrero del vivir el que insemina de palabra el fluir del ser. Ser río de caudal enriquecido por los afluentes que le dan cuerpo y alma, superficie, corriente, fondo y sedimento. Como en las variaciones Goldberg de Bach. Tierra y agua que abonan de raíz los frutos que flotan con vocación de siempre ser mejores en otro lugar y, necesariamente, otro tiempo. Superponer instantes sobre un mismo fondo, como un rimero de fotografías o la imagen abisal y eclipsada de un espejo, podría dan profundidad al presente de la superficie. Pero eso ya no vende ni motiva porque, dicen, aburre. Y es obligatorio desaburrirse en zigzagueo zapinguero de paisajes, personas y cosas. Como si, simplemente, ser, no fuese suficiente.

        



La novedad, es lo que tiene, atrae en sí misma. Lo conocido, por ignorancia, dicen, aburre y viene con el sambenito de un injusto hastío. Claro: creemos conocer el argumento y nos hacemos el spoiler (ese destripe que revienta lo sustancial de un argumento, que diríamos por aquí, si nos dejaran)


En el amor, la novedad de lo desconocido es lo sexual, lo atractivo en su fantasía inconcreta. Lo gozado busca otros cauces de satisfacción: el amor se hace, entonces, aventura en profundidades y recovecos por los que experimentar imaginaciones reales. Don Juan y el Manrique del rayo de luna becqueriano, sobre un amor real y constante, inventarían la pasión en cada amar.

¿Hacer el amor?
No, el amor me hace a mí –dice él.
No, el amor ya está hecho –dice ella-. Nosotros solo lo ensanchamos al darle cuerpo.


Se amaban sin la necesidad de decirse “te quiero”. Se amaban.


Hay una felicidad tóxica. Cuando se hace sistémica y sin horizontes de presente y persona, cuando es reclamo publicitario, se vacía. Esa felicidad solo tiene de felicidad el nombre impostado, como los “selfies” y los modelos de la propaganda de los bancos.


Se vende ubicuidad bajo el eufemismo de la globalización. Se abole el ritual del aquí y ahora con vocación de después, con esencia de víspera gozosa del instante. La liturgia preámbulo del acto es acto mismo, improvisación sin intuición inherente al ser sido (y compulsiva impaciencia de querer acabar) No se puede ser en más de un lugar a la vez: para llegar hay que haber aprendido a empujar.


Te quiero distinta sin dejar de ser la misma. Lo siento: solo sé ser un don Juan de momentos con la misma mujer.


He perdido el norte, el sur, el este y el oeste: soy todo centro extático y vivo.

La mar virgen, polinizada por la luna, se hace suelo de luz para llegar hasta ti, varada en la arena, esperando siempre lo que nunca llega.