martes, 20 de junio de 2017

Arquitrabes XXIII: La mística holística de la moneda sin cuerpo.







 
Ascesis del esfuerzo de querer llegar. Entrenamiento vertical.




San Juan de la Cruz, en su divinización de lo profano para captar almas de cántaro, hizo de la altanera cetrería, el neoplatonismo pagano o de la llana canción un correlato objetivo fértil. Italianizando o popularizando, hisopó la idea humana de dios desde sus versos. 

Desde la atalaya mística de su camino de perfección, desde su eco, esta glosa endecasilábica pone al día su pretensión, pasando por Federico García Lorca. Que el “empoderamiento” alienta y alimenta tiranías y diviniza: así, como caza que se cree ave rapaz, somos cazados en una orgía de nubes de “popcorn”, entre risas y prisas por culminar orgasmos sin erección ni lúbrica excitación. Que la sangre, los flujos y las neuronas eróticas se pagan aparte.




                    De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
                          que atraviesa el corazón de los niños pobres.”

Federico García Lorca, “Danza de la muerte”.
Poeta en Nueva York





Nos hicieron volar tan alto que
nos dieron, como carnaza, alcance.
Tan alto, y tan altos, nos creímos
en el goce que este suelo perdimos
y, felices, naufragamos en aire.


         

Liberación del ser en el subir a pulso.
 
Quizás al subir aprendamos a descender hasta nuestro yo común.


lunes, 19 de junio de 2017

Trascendencia de la materia


















          A Pol Garriga Martínez y Cecilio Garriga Escribano, por lo que saben. 



   
    

             El camino de perfección empieza en la materia.

        El objeto almado sufre por la usura de los maltratados por la especulación, se siente agraviado por la cosificación de la materia utilizada, ajena a su voluntad de existir. Porque un libro, por ejemplo, es todo lo que ha necesitado para ser. Y una vez sido, vive en quien lo ama: acariciando su lomo, proyectando sus páginas, mimando su consistencia en los anaqueles de su biblioteca, actualizándolo en cada relación, sintiendo el troquel de la impresión…

        Una edición de 1874 de la Gramática de la lengua castellana de la Academia Española, regalada por un “caro alumno”, libriza la relación del vuelo: es puente material entre una experiencia intelectual (en pretérito perfecto compuesto de indicativo, primera persona del plural compartido) y otra experiencia intelectual (en futuro perfecto de indicativo, segunda persona) Sus letras, casi en bajorrelieve inverso, impreso, contienen arte y conocimiento en una cadena liberal entre la idea y su producto mecánico, reproducible en cuerpo y alma. El libro, exiliado como el Próspero de Shakespeare o Filoctetes de los océanos etéreos de datos esclavizadores y libericidas y libricidas, reivindica con su presencia el valor de su desprecio.

        El ascetismo 4.0 (sin vocación mística ya) radica su vuelo en las cosas. Purgando el precio y trasminándolo en valor, los objetos se iluminan de ciencia infusa que viene de atrás, de muy lejos, en correspondencias. La unión quedará a ras de suelo: la materia y su amante comulgarán hasta ser uno, como un centauro ontológico.

        Amor de tacto, olfato, oído, gusto, vista y abstracción. El pasar de páginas, su rugosidad, el tiempo enmohecido en manchas marrones de su paisaje, el bisbiseo del paginear, el aroma a tinta, cuero y papel viejo y su evocación de sabor telúrico. La onomatopeya de su tipografía, tipo a tipo trabajada. El oro de sus nervios o el del troquelado de su tejuelo. El efecto de agua o marmoleado de sus cubiertas (piel de su piel, sin máscara de sobrecubierta ni solapa enfajada). O el estampado de sus tapas interiores. La precisión de su encuadernación: lomo, bisagra, lomera, cajo, cabezada, estracilla y tarlatana, con las costuras al aire, como heridas suturadas, al abrirse al mundo.  La cortesía de las guardas o el prólogo de la portadilla y la portada. Este prodigio de la técnica mecánica, antes de ser contenido, como continente, fascina en su simplicidad analógica y su peso. El saber inseminado seduce desde su contingencia necesaria, sinestésico y metonímico. Los arañazos son zarpazos de tiempo, experiencia acrisolada: la asepsia digital ofrece una experiencia siempre nueva, sin adanismo, como de hospital sin peso ni vida. El tesoro de la entraña pide aventura de tocar sin pantalla.

El camino de perfección culmina, en éxtasis a veces, en la exégesis de la materia.







sábado, 17 de junio de 2017

Arquitrabes XXIV: Tecnocultura



 
"Collage" pirata, metonimia del magma global del psedoconocimiento de hoy. No he conseguido llegar al manantial primigenio de la autoria. Pido perdón.



Asepsia cultural disfrazada de pasión. Turistificación del viaje. Turistismo sin pasaporte como currículum. Dinámica vital libérrima. Proyección de realidad adulta impostada en proyecto: cambio, hiperactividad, cooperativismo , contextualización, felicidad… Incompatibles  con la memorización de nombres, procesos y fórmulas. El muro de Berlín del conocimiento. Midas se hace competencial y, desde detrás del parapeto de su pantalla, nos tienta, Tántalos de la ignorancia, a gozar de la orgía de la anarquía del deseo como realidad virtual.

Esta letrilla minimalista, imparisílaba y mitológica, abre la pregunta retórica en un tiempo sin tiempo para retórica.


La letra
(o el número)
con sangre entraba.
Después
con vaselina.
Ahora
se quedan fuera.

Tántalos ignorantes
ante el vidrio de Midas,
náufragos y felices
en Tártaro global:
¿abrazaremos
la lágrima
de Apolo
dafnificado?

miércoles, 14 de junio de 2017

Divorcio



  
                


                                      

Una misma raíz. Una misma sombra. Pero, bífido, el tronco, concentricidad y columna en crisis, diverge entre las dos orillas de la verticalidad. Quizás reivindique en su cesura el verso suelto que debe ser cada hemistiquio lígneo. Ventila su vientre, hace de entraña aire y de sombra luz. Hace de la herida canal hacia en el cuenco de la sed que será savia para da verde a las hojas.

Los niños, sabios ignorantes, como Moisés o el Coloso de Rodas, cabalgarán el hueco sobre los estribos de la “v” retorcida de su crecer con vocación horizontal. Clavarán cañas en su centro sin dolor porque es tierra. Quizás sean los niños los que le dan la vida siendo su corazón: así, ocupando con su risa el espacio que debiera ser madera. Como una arborescente metonimia de Pinocho.

Ajeno a los coches y la prisa, ese prodigio de la agonía resucita en cada muerte de su esencia de tronco y da lecciones de saber ser en su condena inmóvil a tener que estar. Al pasar, miradlo, por favor: que nos devuelve el gesto enseñándonos a ver.

El divorcio de lo paralelo, de lo trenzado, de lo axial, busca los caminos alternativos de la unidad. ¿Ser ramas desde la raíz?