sábado, 19 de julio de 2014

Haikus XVI



Visible solo en su contumaz y encallado sonido, su vibración estival es mucho más que una canción del verano. Zambúllete aquí.






Por imperativo de la urgencia, rimbaudianamente, germina este haiku deforme dictado por la canícula de un mediodía de azacaneo doméstico, calando de luz hasta los versos.
Contiene guiño abradeño.




El aire achicharra.
Bañada en luz,
sierra el sol la cigarra.






jueves, 17 de julio de 2014

La luz del cero
















Un Todo dio a luz la Nada. Y esa Nada parió la Realidad. Desde su útero infinito de cero luminoso, desde su forma de nombrar lo que todavía no es, se hace haz y envés de lo que hoy hay. Es el big-bang cotidiano de cada ahora, sin más científicos que lo estudien que los poetas.

El espejo temporal del 0 centra el alrededor imposible que siempre queremos ser. No hay eterno retorno: somos fluir hacia derecha o izquierda, sin posibilidad de tropezar con el otro yo que pudimos ser. No hay tiempo circular: nos alejamos inexorablemente del amor del origen hacia el olvido. 

No hay catarsis en esta tragedia grotesca. No hay catarsis en esta comedia transcendente. Del revés o del derecho, el cero siempre se cobra la vida que da. Te devuelve a su Nada primigenia y medular de la existencia.



martes, 15 de julio de 2014

Destellos LXI


La mirada ciclópea para sorprender la totalidad de la nada. Ojo de la mónada lírica: grito visual sordo.




Alquimia de la poesía:

agua seca;

fuego frío;

aire metálico;

tierra evanescente.

Materias elementales enquistadas y náufragas en el vacío del éter por la gracia lírica. El poeta puede forzar léxicamente la naturaleza de mundo: su sangre siempre late roja. Sorprende los estados en su frontera: delicuescencia, sublimación, condensación, evaporación, solidificación… En sus transiciones coloca su simiente. En el cálido hielo. En la fresca llama. En el sólido viento. En la tierra cuajada. En la nube hecha niebla sobre el mar y sus cantiles. En los márgenes difusos entre lo sólido, lo líquido y lo gaseoso.

Sublimación del esperar: eso es el poema. Los “destellos”, simplemente, atajos impacientes, piscolabis. Intrascendencia de lo trascendente ignorado.


Fuego, agua, tierra y aire buscando su centro.







El amor que se hace costumbre es herrumbre.




Herido de presente, me desgajo sin centro.




No se puede editar la vida. La vida editada es cine o literatura.




Ser emprendedor supone autoexplotarse, competir, egoístas, contra un titán invisible impuesto. Los ritmos de la vida son otros. Para progresar, la audacia está en ser. Reinventarse es una patraña: te reinventan sin consultar al que quieres ser desde dentro. Usura egotista de los tiempos.




La sonrisa perpetua y la erección perenne son signos de la tragedia.




Te quiero, precisamente, porque no te entiendo. Te amo porque quiero entenderte.




Hay objetos que emiten recuerdos.




Los datos germinan y arraiga el conocimiento. Los datos se siembran y entre sus tallos y flores habitan las ideas que el viento trae y lleva. En esa coreografía el mundo se hace algo más nuestro, aunque ajeno siempre.




Dios: la totalidad de cuanto me contiene y cuanto contengo.




Los cuatro elementos. Manuscrito inglés del siglo XI.


viernes, 11 de julio de 2014

Sonetos de carne IV




 
El pecado original recreado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina (1509). Fragmento.



                            “[…] bueno es para el hombre no tocar mujer. Pero, por razón de la lujuria, que cada uno tenga su mujer, y cada mujer tenga su propio marido. El marido pague el débito a la mujer, y lo mismo la mujer al marido. La mujer no es dueña de su propio cuerpo, sino el marido; lo mismo que el marido no es dueño de su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis uno a otro, a no ser de común acuerdo, por algún tiempo, para dedicaros a la oración. Pero volved de nuevo a vivir como antes, no sea que Satanás os tiente por vuestra incontinencia. […] Digo, pues, a los solteros y a las viudas: bueno es para ellos quedarse como yo. Pero si no se contienen, que se casen; preferible es casarse que quemarse  


Cartas de san Pablo a los Corintios, 7 (1-8)



Voluntad representada y capacidad para representar la voluntad: en ese cruce está la epifanía del amor. Voluntad sin representación es copulación animal. Representación sin pulsión, onanismo mental. Cada coito debe ser reminiscencia y actualización de ese primer encuentro sexual de Eva y Adán bajo la sombra escasa del árbol de la ciencia: la mecánica y el fluir y gozar compulsivos y bestiales ya los traían desde las frondosidades fértiles del árbol de la vida. Necesitaban la consciencia de la pasión. Y la serpiente les abrió los ojos del conocimiento.

Todo fue como explica este cuarto soneto de carne.



Adán conoce a Eva


        En la mañana mítica del tiempo,
con rasmia virginal y compulsiva
a la sombra del árbol de la vida,
hombre y mujer copulan satisfechos.

       Desde su árbol-isla la serpiente
tienta a Eva: entra en su vagina
y la llena de bicha sibilina.
Adán la calla: enhiesto y ardiente,

       se deja libar, empuñado y sabio.
Una manzana madura ajena
al sabor preferido por los labios.

       Amorecer es ya amor consciente:
Endiosados, ganaron el permiso
de volver cada noche al paraíso.



La caída del Hombre es, en realidad, el vuelo del conocimiento, el amor consciente en el circuito telúrico y femenino que trasciende lo animal para hacerse profundamente humano.