domingo, 27 de julio de 2014

Hermanos Serrano, hijo de la mar.



Francisco Serrano Robles puede ver ahora, desde su bote de la luz en su noche eterna, los pecios de su descendencia.



A Francisco Serrano Buendía (Paco el Zumbío), centauro motorizado en tierra, sireno a pulmón en el mar.

A Francisco Serrano Gálvez, que huyó del naufragio del secano para volver a vivir con raíces de madera abonadas por agua salada y escata.

A la cuarta generación de Los Sables, que ya no vivirá de, para, en, desde, sobre y con la mar

A la flota pesquera aguileña, por sinécdoque, en su agonía.


El Hermanos Serrano volando. Montaje de Miguel Morata Gabarrón
El Hermanos Serrano entrando en el puerto de Águilas, ajeno a su destino, pletórico en su presente.

 
Hermanos Serrano (Peñón del Roncaor, Águilas, prematuro 4 / I / 1984; Calabardina, Águilas, 29 / X / 2008) Matrícula: 3ª CT-2- 1081. Pesquero de cerco, eterno y mar.


Fue ave fénix marina, como tantos otros barcos: nació de las 19,70 toneladas del desguace del José y Paco. Tenía prisa por navegar y se liberó de las cadenas que lo anclaban en tierra. En los astilleros Carrasco, ruina ya de lo que fueron, los calafates que le dieron la vida durante 1983 no pudieron bautizarlo: se escapó. Y con ese nombre se nombró él mismo el 4 de enero de 1984: El Escapao. No esperó a los Reyes Magos para ser regalo: la rampa que custodia el Peñón del Roncaor le facilitó la fuerza para tensar la cadena que lo unía a su cuna y no hubo cabrestante que retuviera sus ansias marinas. No hubo botadura: ha sido un barco “morito”, como dicen por aquellas tierras de secano.

          
El futuro patrón, embarcado en la mutación de esqueleto, ingenuo ante la fuerza de los genes todavía


Ha navegado casi veinticinco años. Sus patrones, el Zumbi y Francisco Serrano Gálvez (sin apodo ya) y sus marineros saben lo que eso quiere decir, el contenido de aventuras, tristezas y alegrías que ese pecio de la memoria contiene. Cuántos bailes compulsivos y agónicos de sardinas y jureles, de ojos desencajados y estridentes gritos sordos, han sepultado en nieve. Cuántas estrellas fugaces han enhebrado el humo de sus cigarrillos en ese túnel abierto de la noche. Cuántos recaos en las cofas han acompañado las velas a la espera. Cuánto sueño entre tintinear de anillas y sueños se han evaporado en su cubierta. Cuántas decisiones en el puente, al compás de penumbra e instrumentos, han llenado jarcias o han roto el arte…



          
Secuencia de la entrada y atraque en el muelle de Águilas un 27 de agosto de 2007

Lo jubilaron el 14 de octubre de 2008. Su entierro marino, íntimo y solemne, fue quince días después. No hay contrasentido en un entierro en el mar: la tierra y las piedras son necesarias para hundir lo que está construido para flotar. Esa materia terrestre es la que ayuda a invertir el sentido de los imbornales. Si no hubiese querido morir de su herida, no sería pecio sino escollo: sus veintisiete metros de eslora lo haría visible desde la superficie si se esforzase en ser vertical y respirar el cielo aguileño. Pero quiere reposar, ser mar sin más tierra que lecho y lastre, con los que acabará confundiéndose por voluntad propia.


         
 Última navegación, despojado ya de sus atributos laborales, con la panza llena del lastre necesario para dormir brizado por la mar del cabo de Cope.



 Desde el 20 de octubre de 2008 puebla los fondos del cabo de Cope entre una veintena de pecios más: el Ana María, el Nuevo Cano, el Hermanos Pajel, el Mi Nueva Teresa, el Domingo e Isabel, el San Francisco de Asís, el Fontanet, el Miguel y Teresa, el Montoya, el Andrés y Teresa, el Rabal, el Hermanos Mayor, el Los Antonios, el Gudel,  el Santa Creu, el Bienvenida, el Mindanao… Allí, más profundo (a 33 metros), cerca del Covacho, le esperaba su hermano El Sable desde el 8 de junio de 1993, de cuyas 42,09 toneladas nacería el Nuevo Sable ese mismo año. Este cementerio marino subacuático, a las faldas del Cabezo de Cope, es invisible desde la piel del mar. Un juego de contraluces verdes y azules, de termoclinas y nubes de castañuelas, obladas y sargos van haciendo olvidar el ruido de su turbodiésel Scania DSI-14 de 500 CV: el silencio más plácido le canta a su sueño submarino, con sus pulmones llenos del agua que desplazaba para flotar.

Ese mar que se lo traga todo, que lo hace suyo bajo su heterogénea unidad. Allí se ensancha el Hermanos Serrano, hecho ya mar cerca de la Cueva de la Virgen y la cueva de la Holandesa, en la Calabardina en la que fuera orgulloso chinchorrero el fundador de los Sables, Francisco Serrano Robles. A veintisiete metros de profundidad, descansando de estribor sobre un lecho de arena, dejándose desamurar por las artes del agua. Arrecife que, con mar de fondo, todavía bandea sobre su carga de lastre desplazada. Corvinas, morenas, meros y congrios habitan sus literas de popa, sus pañoles, sus rincones reinventados por el agua.


Ha dejado vestigios marineros en tierra: un puente que atalaya la marina de Cope y la custodia roja de la luz de banda de babor que ahora ilumina una librería. Y estos Limbos.



La madera del Hermanos Serrano vive en la memoria de sus marineros y en la mar que lo meció, acarició, arañó y tiñó de noche. Traíña cerquera, toda ella obra viva bajo la línea de flotación del viento, bajo las alas de las olas, descansa abrazada por las aguas que abrazó, siendo isla de vida enraizada en los fondos, estanca al aire. La columna vertebral de su quilla espera a la noche para ir desmaderándose, para ir fundiéndose en su esencia líquida. Como pez en el agua. Como pecio en el agua.

 Ahora (y ya por siempre) es la mar misma.





Documentación:

Centro de buceo la Almadraba (Calabardina) [en línea]
[Consulta: 25.07.2014]

GALVEZ RAMÍREZ, Pascual. Archivo fotográfico particular.
Inmersiones.es. Blog de buceo [en línea]
[Consulta: 25.07.2014]

Inmersiones.es. Blog de buceo [en línea]
[Consulta: 25.07.2014]

MORATA GABARRÓN, Miguel. Hermanos Serrano. “El Escapao”. 1984-2008.



PIANELO MELENCHÓN, Luis. Flota pesquera de Águilas (1939-2011). Una singladura fotográfica por la historia de la pesca en Águilas. Murcia: FG Graf, S. L, 2012.



SERRANO-BUENDÍA-GÁLVEZ. Archivo fotográfico particular.






Arquitrabes II: Ureas












Urea.
(Del gr. ορον, orina).
1.   f. Quím. Producto nitrogenado de excreción, que constituye la mayor parte de la materia orgánica contenida en la orina de los vertebrados terrestres. Es la diamida del ácido carbónico, muy soluble en el agua, cristalizable, inodora e incolora.


Diccionario de la Real Academia Española (en línea)



         “[…] y el Azarías, sin decir palabra, mostró sus manos de un lado y de otro, con la mugre acumulada en las arrugas, y, finalmente dijo humildemente, a modo de explicación,

         me las orino cada mañana para que no me se agrieten […]



DELIBES, Miguel. Los santos inocentes (1981). Barcelona: Seix Barral, Literatura Contemporánea, 2, 1984. pág. 72.



Fotogramas tomados del blog Balas de diamante


“Me las orino cada mañana pa que no me s’agrieten”



CAMUS, Mario. Los santos inocentes (1984). Guion de Antonio Larreta, Manuel Matji y Mario Camus.










Entre una y otra urea, la asepsia de los intermediarios.
De la Sierra de Fregenal a la cosmética, la orinoterapia envasada.






jueves, 24 de julio de 2014

Arquitrabes I



Sobre un puente de ironías y bagatelas, viene lo menos sólido de los iconoclastas jóvenes de la “Resi” (con Pepín Bello a la cabeza) y la ácida crítica sardónica del lúcido Jaime Gil de Biedma: los anaglifos se disfrazan de arquitrabe y llegan hasta nosotros, con el permiso de algunas greguerías de Ramón y determinadas provocaciones de Cortázar.

         El relieve óptico o real, de base etílica o simplemente fruto del divertimento y la broma, puede redimensionar la viga maestra de lo que pasa desapercibido por cotidiano. Los capiteles de las columnas pueblan también de ornamentación la trabe y la anaglifan. Es el 3D para sorprender las estructuras invisibles que soportan la realidad.

         Si la greguería es un cóctel de metáfora y humor, en proporciones cambiantes; si los pameos, meopas  o glíglicos del cronopio Cortázar se siembran en el azar del juego y contra la costra de la costumbre; si los anaglifos son entretenimientos poéticos para los postres estudiantiles o las noches de ocurrencias; si el poema “El arquitrabe” gildebiedmano hace de la ironía el martillo pilón contra los “andamios para las ideas” del Régimen; estos Arquitrabes límbicos quieren hacer convergir las condiciones anteriores en una nueva propuesta embastada sobre sus viejos hallazgos.

         Hay una expresión castellana en la que “hablar del arquitrabe” equivale a mantener discusiones bizantinas (aquello del sexo de los ángeles, la naturaleza divina…, ya sabéis) ¿Hay mayor ironía conceptual? El dogma hecho perifollo. 

Estereoscopia lírica de la nimiedad. Reverencia con corte de manga (o peineta) a la trascendencia del “hicetnunc” nuestro de cada día. Arquitrabes como arquivoltas para sustentar el suelo en su adorno en torno al vano.





Cono sin la virgulilla sobre la n. 

Con ese apéndice volador a la vista, otro sería su pulso con la gravedad.