sábado, 21 de marzo de 2020

Haikus L


 
La playa de la Torre de Cope, antídoto contra las invasiones del alma. Atalaya a pie de agua contra la alarma





A Gabriel Muñiz,
por “obligarme” a pensar en haikus para trascender la mirada


El mundo nos  acompaña siempre, sobre todo cuando estamos solos. Llevamos mar en los ojos cuando el mar queda lejos: como una rosa de olas nos acaricia de mareas presentes. La clausura abre el océano mental, nos lleva en su vaivén, nos libera de los lastres abrasivos de un tiempo prestado que constriñe nuestras fronteras interiores. Ahora estamos y somos desde dentro, aislados en el continente inexplorado en que vivimos realquilados siendo propietarios. Nos rezamos y rezamos al universo en que somos, ahora en reflexión  sin reflejo, en reciprocidad biyecticamente humana: somos uno y somos el otro y nos necesitamos. Primero hay que ser en soledad.

El mar ausente nos da lecciones de olas para ser en la duración del volver desde la aparente destrucción, que es siempre recomposición para seguir siendo.




       Pétalos de agua.
Azul, vacuna el cielo
toda alarma







        





sábado, 29 de febrero de 2020

Los tiempos y las palabras del desamor


 
Poema ideográfico de Gustavo Vega



         En una vieja película, de esas de un blanco y negro nítidos, más vivos que el color de la vida, una escena contenía, sin saberlo, todo el misterio que Adelaida García Morales cifró en el padre zahorí de su relato “El sur”. “¿Qué podemos amar que no sea una sombra?” se preguntaba la autora en palabras de Hölderlin. Respondía en el cuento. Eco del eco de esos ecos es este poema en eneasílabos y pentasílabos en dos tiempos y una sola disolución. Amamos las sombras de la carne que fuimos. Aprenderemos a amar las sombras de la carne que somos.

         ¿Desenamoramiento atroz? Como el desvaído dolor del corte del cordón umbilical, duele si lo reconstruyes. La vida, tras el corte, sigue, madura, se hace en su hacerse: al nacer y al desamar. En los dos procesos hay más de objeto directo que de sujeto del verbo “vivir”.

                                              


                                                                 
Él piensa que no necesita
decirle nada.
La mira y calla.
Habla el silencio,
locuaz y denso,
y los caminos divergentes
en paralelo
seguirán hasta que la muerte
los haga uno.

Pero sin la fascia de amor
que, pasional,
los envolvió
cuando hablaban y se veían.
Urgía entonces
caos de unción:
unce ahora,
rito indolente,
tácito pacto,
el orden de este desamor.



jueves, 20 de febrero de 2020

Tres décimas de fiebre de cuerva







         La infección de la rutina  (esa versión del fluir de la vida sin pasión que baja la temperatura) pide un antídoto estimulante. El pulso plano, el latir átono, la indolencia de la inercia, encuentran en el cisma de la fiesta la crisis perfecta para darle cuerda al movimiento de ser. Tras la navidad, vuelve a nacer la vida en carnaval. La algarabía le sube la temperatura al frío cuerpo presente, lo desnuda del disfraz del invierno para vestirlo de la alegría y sus adornos. Y, para compensar la falta de calor humano y paisajístico, la panacea de la cuerva alimenta por dentro el motor que, bailongo y feliz, pisa las calles con vocación de mar, adoquinadas e ilustradas con los papelillos que nacen de los cascarones.
         El carnaval es un estado mental. Aunque solo es bien común cuando el calendario lo permite. Y la cuerva es su banda sonora: la graduación de su algoritmo pone a tono el alma y el cuerpo, sincronizados en la alegría.




                                                       1
        
Mitología del disfraz
                                                                 
Sale del agua Neptuno
para beber viento seco.
En Águilas halla el hueco
del tiempo más oportuno
y, disfrazado de tuno,
llega hasta nuestra Glorieta
que se hace pandereta.
Por el pico de la Pava
canta la cuerva su brava
y endiosadora receta.






                                                         2

     Metamorfosis del tiempo


Hace el invierno verano
de ebriedad carnavalera
con su danza colmenera
este maná tan humano.
Faralarea profano
el cascarón de la noche,
da brillo y pone el broche
para centrar la alegría
este elixir que nos guía
felices y sin reproche.


                        3

        Cuervizando la fiesta


En un cáliz de alegrías
vertemos los ingredientes
que libados por las gentes
dictarán coreografías,
chirigotas y porfías
de doña Cuaresma afrenta.
La marmita alimenta
con la fórmula del druida
la ebriedad de la vida
con la cuerva de placenta.





domingo, 26 de enero de 2020

“Present continuous”


 
Simulacro de pecho



         Este “present progressive” lacerado de “ing forms”, este presente continuo que gerundiza las acciones y acelera los pensamientos, que vive en proyecto y es aborto de futuro, arrebatador de duración, va, gota china, bota malaya o espada de Damocles, hipotecando la vida con banda sonora de felicidad. Las intenciones se aceleran, emprendedoras, y se abisman al escalar los planes no medidos por la impaciencia hacia el cambio compulsivo y de voracidad insaciable.

         Tres mil años en un instante. El logos, encauzado por ingenieros, economistas y el egoísmo, da a luz la sombra que requiere el artificio del ingenio sin raíz ni palabra que ahora nos ilumina. Los cauces, estuarios y deltas son consecuencia natural del fluir. El clima es sabio. La climatología lo pervierte al estudiarlo porque lo pone al servicio del contrapelo, de la contracorriente, de los remansos usureros de la aceleración. Hay un tiempo geológico que escapa a todos los relojes cuánticos.

                                              

                                                                 
En el paisaje, ser isla.
Ser idea en el humo.

Mear sobre detergente:
ser espuma de palabras
en el naufragio del agua
en que vuelan,
raíz de vida y de muerte,
las esperanzas humanas
lastradas y evanescentes,
embriagadas de algoritmos.