martes, 15 de agosto de 2017

Haikus XXXIX



 
Fronteras de virginidad relativa. Fuego, agua, aire y tierra juegan a ser dios.


Resultado del cruce de demiurgos: los elementos hacen y se dejan hacer para ser paisaje humano desvirgado.




Tiempo cósmico: Tiempo geológico: Tiempo humano. Si puede ser contenido en palabras, siempre es tiempo humano. Vemos lo que vieron, ligeramente modificado aunque reconocible. El tiempo siempre retrata el mismo paisaje y los ingenieros superponen sus complementos. Así ha sido hasta ahora en los lugares que me han hecho suyo. No hay usura en viento y agua: laten dando vida al amor de los ojos.

Las capas de alrededor de los centros visten con sus tres tiempos el querer ser.





Tiempo geológico:
Dinámica y viva,
la playa quieta.










viernes, 11 de agosto de 2017

Haikus XXXVIII









Madrugas para llegar a la playa antes de que se convierta en un hormiguero. El levante no acobardará a los bañistas porque los días de vacaciones son sagrados en el calendario turista.

El freo del Fraile se remueve con las corrientes y las olas decoran con sus guirnaldas blancas las piedras negras. Piso las dunas fósiles que pisaron pies romanos. Me desplazo sobre una cantera para llegar a mí: así, sentado frente al viento y el mar, me siento patriarca del paisaje.

La playa es siempre distinta y siempre la misma. La arena vive en un vaivén de mareas en el que habita la duración. Un lugar: infinitos matices de paisaje. Un millón de veces vivido no basta para vivirlo. El mejor aeropuerto es el que nos lleva a nuestro lugar.

Sucedió hoy. Es para siempre. Estos dos haikus son su testimonio indeleble. El viento lo grabó y las olas lo hacen eco.





Roca en la mar.
                                      Raíz. Tiempo de viento.
                                      Ama la espuma.



                                               Lascas de agua
                                      esculpen el paisaje.
                                      Playas del aire.















domingo, 30 de julio de 2017

Hacer el muerto para vivir



 
Imagen de Rosa Emérita Martínez Manzaro. Rosa-Nenúfar.





         Trasciende el gesto cuando se piensa. La cruz sobre el mar resucita al crucificado en el mismo acto de su crucifixión, sin esperar a un tercer día. Horizontalidad y verticalidad, agua y aire, tierra y cielo, corazón y pulmones como intersección de extremidades. Mirar con los ojos cerrados para verse, pleno, por dentro, agua sobre agua, aire bajo el aire.

         Ajeno al mundo, centro, tú disuelto en el mundo, ingiriendo por la piel el ansiolítico del mar. Literalmente: relajante de la preocupación.

         Hacer el muerto, a voluntad, contra la muerte, sintiéndote muy vivo mientras el sol que te da la vida intenta secarte y tú, médula linfática, te diluyes, palpitante, respirante y salino en tu gran azul que te hidrata para poder seguir siendo. Ser un muerto es muy diferente. Estar muerto, un accidente. 

Hacer el muerto alarga la vida: fluir sobre el flujo de aire, tierra, fuego y agua de una playa da cauce al existir consciente.



Diluido el yo, aunque todo en mí:
nenúfar mediterráneo de sangre:




Ocupado en este despreocuparme,
sobre la calma del agua, hago el muerto.
Corcho vivo, isla al pairo, concierto
de vaivenes sordos en que encontrarme.

    Orlado de mar, sin actualizarme,
soy pozo, ebrio de sosiego, abierto
y flotante, mecido en el huerto
de respirar mar para concentrarme.

    Corcho con alas, desnudo de sobras,
cielo rojo de párpados, muy quieto,
circundado de rumor sin zozobras,
a disciplina de olas me someto.

El tiempo perderás si no lo cobras.
Este baño durará un soneto.







jueves, 27 de julio de 2017

El nuevo hombre



 
Tendido al sol, todo parece igual. Ambos son "souvenirs" globalizadores en una terraza real.



         El hombre nuevo se está fabricando. Lo estamos fabricando. Algunos viven ya entre nosotros y están en promoción. 

         Cuando corres eres tú el que te mueves con pasos humanos, abarcables con el pie, en distancias concebibles y tuyas, en un tiempo real. El mundo se mueve bajo tus pasos, pero esas dinámicas son del concierto de una orquesta sin instrumentos de la que no somos miembros. En la que tenemos partitura tocamos con instrumentos ajenos. Y mientras estás llegando, el universo se expande, quizás en la dirección contraria al sentido de tu correr. Y el tiempo fuera de los relojes se dispersa infinito mientras tú acabas siendo un manojo concentrado de huesos en la sombra.

         Esta luz de hoy, sin embargo, augura un destino de plétoras en cada instante, en cada paso.

         Perdonad, hombres nuevos: soy un hombre viejo que nació obsolescente, humano y humanista.





El hombre nuevo
es poliédrico, leguleyo ,
emprendedor

y usurero.

Autónomo y con criterio,
libre y cazador

felibérrimo

de oportunidades,
blinda con subcontratas
su competencia vital,
puebla con aplicaciones
sus posibilidades de progreso.


Este hombre nuevo,
cacareante
de su renuncia a la zona de confort,
desprecia lo que ignora
ahíto de saberes no inventados,
instalado en el vacío
del palo de ciego,
sin lazarillo maestro,
haciendo experiencia venal
la distancia entre el palo
y la realidad que no llega a tocar,
digitalizándola
en “gadget” que venderá
a otros hombres nuevos
sedientos de pulsión tantálica,
que disfrazan
de ecumenismo ecologista
su corazón de Midas.

Este hombre nuevo
edifica su horizonte
sobre la crucifixión
del círculo cuadriculado
de la humanidad.

    Este hombre nuevo,
nefelibato sin literatura,
exhibidor cínico de “smiles”,
en trato diario con las nubes,
es el constructo mecánico,
hueco de espíritu prestamizado,
que va a salvar el mundo
del lastre
de la cultura inútil,
implementado,
mercenario,
la eficiencia eficaz
de la perenne felicidad
que vuela, sin raíz,
hacia una luz que es sombra.

    Este hombre nuevo,
que ha aprendido a pensar sobre cojines
y minimalismos,
está inventado el grifo peaje
desde el que regulará,
transparente hombre de los caramelos,
el riego del nuevo Edén,
la satisfacción de toda nueva sed.