viernes, 19 de marzo de 2021

El diletante fértil. Vigesimoprimer paseo

 

Sant Jeroni de la Murtra (Badalona), excusa para un diálogo tejido de pasos, complicidades y el amor que también fructifica en el azar.

 

 

 

            A Montse Figuera, corazón emprendedor y desbordante de empatía.

            A Noèlia Berenguer, por enseñarme sant Jeroni de la Murtra y el carrer Tiano. Y por hacerme creer en la humanidad con unos cruasanes del forn Solà de can Pau de Tiana.

 

      “If the doors of percepción were cleansed, everithing would appear to man as it is: infinte”.

 

William Blake. El matrimonio del cielo y el infierno (1793).

 

The doors of percepción, título del ensayo de Aldous Huxley de 1954.

 

The Doors, la banda psicodélica de  Jim Morrison (1965-1963)

 

 

“que nadie lo miraba,

Aminadab tampoco parecía.

y el cerco sosegaba,

y la caballería

a vista de las aguas descendía”.

 

     Final del Cántico espiritual  de san Juan de la Cruz.

                                  

        

         Globalización de la cultura: como negocio, como oportunidad de progreso, como simulacro. El amor como panacea y sinecura, como esencia y como anzuelo; el amor como imperativo categórico. La felicidad como producto comercial, como atajo de reclamos para llegar a la alegría. El dolor como conflicto inevitable con el alrededor (que también somos dentro) y el sufrimiento como asunción (o no) de ese dolor.

         La secuencia didáctica de la intuición que da la sabiduría no empieza desde la admiración sino desde el cuestionamiento y la duda, desde un escepticismo preventivo (no reactivo) que es umbral de la experimentación para poder llegar a saber. No podemos llegar a todo como pensadores. Tenemos que delegar y confiar para poder construir conocimiento. Si nuestro mundo es inabarcable porque así lo hemos dejado diseñar, necesitamos subcontratas. Sin humanismo, con el relativismo usurero como rompehielos del futuro, todo el tinglado global es un zoco planetario de especulación y subastas. Los charlatanes de elixires milagrosos viven, tuneados de la nueva retórica embaucadora pixelada de “spots” y monetizaciones, en nuestra nuevo hogar, las pantallas, y disfrazan de lo que haga falta su interés lucrativo para llegar a nuestra necesidad inducida. Esa complejidad de los mensajes nos aleja de lo humano. No hay todavía un humanismo digital porque se ha subvertido y prostituido la prioridad. En su aparente “ignorancia” era más culto un pescador analfabeto del siglo XIX que un ingeniero informático del siglo XXI. El pescador era ingeniero sin título universitario homologado: de su ingenio dependía su subsistencia. El ingeniero de una gran corporación franquiciada depende de la bolsa (ese azar forzado por la usura y la estadística proyectiva) para ser un talento útil. Exhibicionismo de la humildad como estrategia publicitaria. Un pastor no se exhibía: enseñaba sin doble fondo. Un predicador youtubero proyecta con vaselina un negocio “ad hoc”, “ad personam”, asistido por los algoritmos. Ante las dos situaciones cognitivas la secuencia didáctica es la misma: escuchar desde la reserva crítica. Aprender del pastor, el campesino o el pescador es más eficiente porque las interferencias son humanas e intuibles. Con el sanador pantallal hay mucha más intermediación para discernir la verdad de la “verdad” que vende. Los nuevos chamanes son tótem y tabú para cultos ignorantes. Fingir ignorancia socrática desde el aval de la seguridad del sistema es una triquiñuela de precariedad en el imperio del capitalismo cognitivo, que cada vez se aleja más de la cultura porque así lo normalizamos.

Hay también un capitalismo místico. Cualquier pantalla contiene la bibliografía para su estudio. Píldoras de sabiduría oriental para calmar la desazón occidental. El modelo norteamericano lleva la lancha motriz de esa estela y el mundo globalizado surfea sobre el negocio. Los educadores emocionales y trascendentes son dolientes redimidos por una revelación que “tienen la necesidad” filantrópica de compartir creando una empresa “altruista” para ayudar a la humanidad. Un paseo por cualquier canal de meditación “mindfulnésica” te lleva al laberinto del Minotauro de esa iniciación, sin Ariadna. Te venden las alas de Ícaro, la riqueza de Tántalo, el amor de Narciso. ¿La mayéutica socrática como base del “coaching”? No es una pregunta retórica: en la respuesta hay un camino de vida. El “homo viator” ya no huella senderos con sus pasos: es su asistente “smart” el que le simula la experiencia del camino, asistiendo y amplificándola según la tarifa contratada a la agencia subcontratada por el monopolio.

Byung-Chul Han: la autoexplotación, el exhibicionismo, la perversión de los rituales de una sociedad cansada y dataísta, la pornografización de lo erótico agonizante, la trasparencia opaca de la hiperculturalidad psicopolítica que asfixia lo bello y homogeneíza la diversidad. Pseudoterapias orientalizantes capitalistas: buenismo espiritualista desarraigado. Todo lo vehicula el yo diluido en un nosotros algoritmizado como utopía cósmica conquistada.

En el escaparate de une eje peatonal-comercial (ese corazón de las ciudades donde se han trasplantado los decimonónicos pasajes parisinos de Baulelaire, walterbenjaminizados) se exhiben robots de cocina, “smarts TV”, succionadores de clítoris y batidoras americanas. Ese cambalache tiene una pedagogía confusa, independiente de la moral que sea. Lo íntimo y lo público, lo sexual y lo social, lo placentero y lo nutricio se arrumban como desperdicio en un vertedero. Todo es accesible desde todas partes y a cualquier hora y nunca nos hemos sentido más solos y desvalidos. Como adolescentes en un cuadro de Edward Hopper en un cubículo de esos de máquinas expendedoras al servicio del cliente las veinticuatro horas. Como un botellón inducido de anestesias en el quirófano de un cirujano estético virtual.

Una sociedad de pleonasmos: “pensamiento crítico”, “personas humanas”… Una sociedad del engatusamiento: la excepción como modelo, la normalidad como alienación, la diversión como motivación… El búnker del yo como cliente, la solidaridad como horizonte egoísta, la religión, la estética y la filosofía como coartadas para el negocio, como flecos estéticos sin fin en sí, como complementos del “outfit” espiritual de cada individuo que cree ser una persona.

El hastío romántico sin ruinas inducido nos acorrala y, como en una manga pastelera, nos presiona para salir a decorar mundos como personajes de una tragicomedia en “streaming”. El presente continuo con vocación de futuro en directo pervierte la calma de cualquier meditación. Vivir “on line” nos hace pensar en “random”, en la improvisación de alas sin raíz, en un “zapingueo” autocomplaciente planificado por un sistema que alimentados en una dictadura vendida como la democracia más democrática de toda la historia de las democracias.

El desinterés egoísta es la norma. El altruismo egoísta, la excepción. En ese magma, cada uno de nosotros es una mónada leibniziana en el tejido del universo. Necesitamos tomar el telar como se tomó la Bastilla.

Entretenimiento en conflicto con alegría: aburrimiento (ese “ab”-“horrere”: alejarse de lo que horroriza) inoculado por la necesidad de hiperactividad como causa para los lenitivos diseñados. La felicidad como aspiración para conjurar el caos del otro lado del espejo de Matrix.

Las preguntas de los “coachs” (esos profesores privados productos de las necesidades provocadas por el sistema que nos hemos dado), no lo obviemos, son trampas para clientes desorientados diseñadas por quien es juez y parte de la representación. Después nos estigmantizan por que nos victimizamos: nos hacen creer que cada uno de nosotros es responsable de la reacción ante la reacción. Es la autoexplotación como tormenta perfecta. El industrialismo de patrones encastados en las células. Capitalismo industrial “liberador” del siglo XXI. Educamos a alumnos de hoy con  métodos del siglo XIX, dicen los neuropedagogos: educar a ciudadanos del mañana desde el lucro de hoy (vendido como incertidumbre abierta a la especulación) es la oportunidad de negocio que fundamenta, desde la “evidencia” científica, nuestro presente. Algorítmico y espiritual, tecnológico y meditativo, a demanda del mercado, columna vertebral del progreso.

El ego lastra la “predestinación”. La costra sobre la naturaleza somos nosotros: los “TEDtalkers”, ironía en la contradicción de ser ahora en todas partes, son plaquetas de una hemorragia que no nos dejan ver ellos mismos con su medicina. Son efecto de la causa y tirita para la gangrena.

La dopamina de la expectativa alimenta unos presentes ansiosos de después, dopados de una impaciencia sin víspera del gozo como gozo, con ansia de un presente futuro mejor que el presente presente. Nuestro ojos compran serotonina y oxitocina en 3D desde el 5G. La ingenuidad panteísta de energías y conexiones cósmicas, su espiritualidad filantrópica desde el todo del que somos parte y microuniverso converge con la maniobra especulativa del lucro corporativo de quienes crean espejismos de libertad. Siendo caminos divergentes convergen en el mercado del templo del mundo que ya Jesús pateara como un punky pionero.

Somos contingencia necesaria. Necesitamos andar la senda del conocer para vaciarnos de ego y aprender a intuir como afluente de la sabiduría. El trabajo interior y el bombardeo exterior de “banners” y ondas de información subliminal algoritmizada no deberían aliarse para perdernos en el encontrarnos de quienes nos compran por treinta monedas de plata con apariencia de gratuidad. El presente no es actualidad: la meditación no es “mindfulness”. La consciencia no es una aplicación que, prótesis naturalizada y exógena, nos ilumine en la esencia de ser.

La glándula pineal cartesiana es ahora un componente electrónico de los artefactos que nos prolongan en cuerpo y alma.

La oda ha fagocitado la elegía. Pero, elegiacos, cantamos la bondad de la vida para no desentonar con una esperanza de progreso que necesitamos para seguir siendo en un sueño despierto que se parece mucho al cuento de las galas del emperador.

Este haiku, irónico, contiene continentes y contenidos de una espiritualidad de saldo. Puede funcionar individualmente, pero es termita social: subcontrata para detener una inundación con cañas y barro.

 

 

Yo universo:

castrado de los ojos,

todo lo beso

 

 

 

domingo, 14 de marzo de 2021

El diletante fértil. Vigésimo paseo

 

En lo cerrado habita lo abierto: en su eco resuena la vida que sigue siendo porque fue. Bar Cataluña: será lo que quieran que sea pero en él seguimos estando los que fuimos.


 Regalo de Clàudia Lagarriga: raíz en en lo efímero; ancla en la vorágine de desestar para poder seguir siendo en lo amado. Podemos vislumbrar hacia delante y hacia atrás. Cada día preside mi disolución en todo, obviando la nada.

 

 

 

A Óscar, en el camino de la amistad a lo largo.

            A Malud, por la iluminación radiestésica de la senda y sus energías.

 

      “En el corazón tenía

la espina de una pasión:

logré arrancármela un día:

ya no siento el corazón.

[…]

Aguda espina dorada,

quién te pudiera sentir

en el corazón clavada

     Antonio Machado, “Yo voy soñando caminos…”, Soledades.

 

“El hombre nunca puede saber qué debe querer; porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en vidas posteriores. […] El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación”    

 

Milan Kundera. La insoportable levedad del ser.

 

 

“-Menino de Cheshire, […] ¿Me podrían indicar, por favor, hacia dónde tengo que ir desde aquí?

-Eso depende de a dónde quieras llegar -contestó el Gato.

-A mí no me importa demasiado a dónde… -empezó a explicar Alicia.

-En ese caso, da igual hacia dónde vayas –interrumpió el Gato.

-Siempre que llegue a alguna parte –terminó Alicia a modo de explicación.

-¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte –dijo el Gato- si caminas lo bastante”.

 

     Lewis Carroll. Alicia en el País de las maravillas.

                                  

        

         Paseo urbano, dialógico, al paso de un amigo. Recuento de lo que fue y ya no es, con la nostalgia justa para justificar que tenemos más  de medio siglo. Resuena, aunque no lo mencionamos, aquel tango de Santos Discépolo, “Cambalache” que nos acercara Serrat en su directo azul. El bar Cataluña, el “Mediterranean café” de Rudolf Häsler (con el camarero Miguel, con sus marrones y ocres de nevera y ambiente, con sus veladores, con las tapas pronunciadas en blanco sinuoso sobre los cristales, con sus taxistas y la ligera nube adolescente de Voll-Damm, con la fiscalización de Greta Garbo) es ya un vestigio presente en su disolución. Parecía un bastión de Parménides de la memoria presente y siempre había sido un espectro de Heráclito, un espejismo de duración. Eso: un mundo como el espacio de un ropavejero, de un chatarrero, de un chamarilero con ínfulas de anticuario visionario,  con todo mezclado en este caos aséptico de la actualidad frenética. Sobre lo que muere o asesinamos, lo que hacemos nacer y lo que abortamos. Fundidos como lo mismo (siendo sustancialmente diferente, “con-fundidos”) mezclamos placer, gozo, deseo y satisfacción; conocimiento, comprensión, sabiduría, memorización y competencia; camino y destino; juego, ironía, “gamificación”, “jugabilidad” y diversión; realidad, verdad, estadísticas, verosimilitud y simulacro; experiencia y experimentación; incertidumbre y negocio; carencia inducida y negocio; talento y negocio; falta de talento y negocio; cultura y turismo; posibilidad y negocio, persona y cliente; azar y lucro; esperanza, expectativa, ilusión, sueño y especulación; pensamiento, razonamiento, meditación y algoritmización; eficacia, eficiencia, productividad y fertilidad…

         En peregrinación como la de Max Estrella en Luces de bohemia, hollamos en mediodía de nuestro pueblo avillanado como ciudad de la periferia de la capital (llamada pretenciosa y tributariamente “área metropolitana”). Caminamos hacia adentro para poder dirigirnos al horizonte. Nos sentimos versos en un texto en prosa. Vivimos el “otium” como virtud en la presión de la productividad que lo niega y lo cataloga como vicio si no es posible monetizarlo y hacerlo negocio, su negación (“nec otium”).

Reconocemos lo que es aunque ya no sea ni esté porque resuena en nosotros su eco vivo. Siempre he sido siendo estar pero no lo sabía: me identificaba en una duración que solo es como construcción mental y emocional en la transformación. La asunción de la paradoja es el umbral del manantial de la vida, de su fluir. Poder analizar sin juzgar. Preocuparse porque nos preocupa no estar preocupados porque vivimos de ocuparnos y ocupar contemplativamente el alrededor. La razón raíz emana de la mente del corazón, esa castalia de inmanencias en la intermitencia de la impermanencia que permanece en nosotros como cosmos. Habitar la aporía esencial para ser humanos insobornables. La pureza no existe: por eso hay que encontrarla. Somos zahorís que proyectamos y leemos energías telúricas para compensar las radiaciones sobre las que volamos naufragando, felices, hacia el abismo de escombros de lo humano.

La blancura más pura es la de la mezcla. La luz dorada de la divinidad es la superposición de irisaciones fractales del universo. Cada persona camina volando con sus alas de arcoíris en la cruz de ser cartesiana: verticales, orden vertebral, nos ensartamos las horizontalidades, eje de abscisas, para sentirnos en las coordenadas de cada aquí y cada ahora. Somos en el aura que tejemos: tenemos, deseamos, podemos, amamos, comunicamos, comprendemos y somos comunión en la creación. Nos alimentamos de arriba abajo: alimentamos el universo de abajo a arriba. Del añil al rojo: del rojo al añil, con el verde en el centro de todos los alrededores.

Aunque el haiku suena en sus diecisiete golpes de voz, la distribución de los versos no es la habitual: las “campanas” tenían que resonar en el “adelanta” en esa apertura vocal que exhala la música del alma. La paradoja como clave para el paso osmótico de ser.

Sic transit gloria mundi”: nostalgia del futuro para centrar el tiempo en cada presente. Bronce binario. Devenir por venir en lo venido e ido. Nietzsche amamantado por Platón con nanas de Sócrates en una habitación kantiana.

 

Tañen campanas.

Anclado al pairo,

mi reloj adelanta

 

 

 

lunes, 8 de marzo de 2021

El diletante fértil. Decimonoveno paseo

 

 Mi abuelo Pascual, ferroviario, se hizo e instaló ese banco en el cementario de Águilas para visitar a sus padres en la calma de las primeras horas de cada día. Queda, en el arrebato, lo que se hace durar porque es fruto del amor incondicional a lo que sea que lleves entre manos en ese momento.

 

            A mis muertos presentes. A mis muertos futuros, entre los que me incluyo.

 

      […] y he quedado

presentes sucesiones de difunto”.

 

     Francisco de Quevedo, “¡Ah de la vida”… ¿Nadie me responde?

 

 

“[…] Y mientras haya vida por delante,

Serán mis sucesiones de viviente”

 

Jorge Guillén, “Ars vivendi” en Clamor. A la altura de las circunstancias.

 

 

“Siempre hay un intermedio favorable para dar cuerda al aristón celeste”

 

“Oyendo crecer la hierba”

 

     En la memoria, desde la voz de José María Quiroga Plá

 

                                  

         Una vida moral sin más juicios de valor que los necesarios para poder pensar. Los imperativos categóricos a priori de la intuición humana son estructuras cognitivas básicas. Las hacemos más nuestras desde la contemplación, desde la percepción desinteresada que no busca un posicionamiento. Enhebramos las impermanencias desde la serenidad que nos identifica en ese fluir para poder ser: duramos en el cambio, aceptamos el fluir que nos da estabilidad. Nuestra seguridad es fruto interior de la vida, que es transformación perenne, del alrededor. Nos integramos en la desintegración, somos el humus del futuro, la energía que seremos. Esa es la esencia del triunfo de todas las posibles derrotas: asumir de forma natural el vaivén de ser, la fortaleza de la debilidad, la alegría del llanto, el éxito del fracaso. No hay victoria pírrica sobre las olas y corrientes de la marea de vivir: estoicos y hedonistas, nos dejamos mecer al pairo gozando el presente, sin preocupación, en plétora emocional, sobre la barca del cuerpo que hemos sabido construir con la experiencia de calafates de presentes plenos entrojados en el ahora presente.

         Ha llovido levemente todo el camino. La vid de la vida que evita las uvas de la ira. Mantra maná para empaparnos de mundo. El agua fertiliza el pensamiento horizontal, el analógico y creativo. Es el de la sabiduría del bosque. El neohumanismo deshumanizante vende solo el razonamiento vertical de la lógica algoritmizante, lineal, eficaz y eficiente, altamente productivo desde lo exógeno digital.

         Vivir desde la aporía: experimentarnos en la paradoja de ser fusionando primeros principios como el de no contradicción en una nueva dimensión vital que lo hace posible en su simultaneidad imposible. Aprender a mirar despiertos para ver el universo en su compleja maravilla, en su multiforme manifestación de cumbres y valles, en sus grietas, en el corazón de los árboles.

         Hoy he paseado hasta el cementerio y he vuelto a mi hogar.

 

 

 

Vida sin muerte

es trampantojo vano.

Todo en sí vuelve