lunes, 5 de abril de 2021

El diletante fértil. Vigesimocuarto paseo

 Una librería da cobijo a todas las intemperies. Habita, a veces, una amistad que tiende correspondencias con la calle, con la vida que late más allá de sus páginas. En forma de rosa o de libro.

 

 

 

A Manuel Aznar Soler, desde la admiración de compañero aprendiz. Por la generosidad de su magisterio y la fertilidad de su fraternidad analógica (con la libertad y la igualdad reguladas por su solidaridad intelectual). A Manolo, emprendedor sin usuras.

 

A Francesc Gomila, por la sintonía humanista de amplio espectro que nos hermana.

 

 

  “Solo el alma que aprende a desencadenarse puede desvelar el enigma del quietismo estético”

 

                Valle-Inclán. La lámpara maravillosa. Ejercicios espirituales.

                      

    “… frente al individualismo hay que entronizar la solidaridad en este mundo global tan empequeñecido por la técnica; frente al hombre valorado solo como productor-consumidor hay que realzar al que vive otras dimensiones humanas; frente a la obsesión por poseer más, la de hacerse mejor; frente  a la competencia agresiva, la cooperación. Por decirlo de un modo que me es familiar, repetiré el ideal bicentenario de la Revolución francesa: “Libertad, igualdad y fraternidad”. Está todavía por realizar. Cierto que el capitalismo optó por la libertad y favoreció la de muchos, pero a costa de la desigualdad; cierto que el mundo comunista (que acabó siendo capitalismo de Estado) optó por la igualdad, pero a costa de muchas libertades. En profundidad, ¿en qué sociedad moderna se han instaurado la fraternidad y la solidaridad? Se dirá que es una utopía, pero vivir sin utopías es vivir desnortado, sin referencia última…”

             José Luis de Sampedro. La vida perenne

        

“A veces un grito es mejor que una tesis”

                Ralph Waldo Emerson

 

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”

                José Ortega y Gasset. Meditaciones del Quijote

 

“Aquel que entre nosotros

lo sabe no lo sabe;

pero además ignora

que en verdad no lo sabe”

 

                Upanishan

 

 

“Los límite de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”

 

                Ludwig Wittgenstein. § 5.6 Tractatus Logico-Philosoficus

 

 

         A veces recogemos lo sembrado sin ser conscientes de las semillas empleadas. Un buen día, coincides con alguien a quien quieres y hace mucho que nos has visto y la serendipia epifánica abre caminos. La senda como terapia se enriquece con el diálogo. Hay conexiones que hemos cultivado y que vuelven sobre su siembra para ensancharnos.

         Pasar de víctima a protagonista; de sujeto paciente-sufriente a sujeto agente; de objeto directo a sujeto rico en predicativos y desde las riendas de la circunstancialidad es un acto de voluntad y salud mental.

         Hasta hoy, nunca el pasear había sido más coartada para restañar heridas como el peripatético de este viernes santo. Dos amigos desubicados que buscan reubicarse: ni La Pobla de Vallbona ni Águilas con su sol y sus gentes van a ser espacios de su vivir: sí Collserola y el pantano de can Borrell, continentes de sus contenidos dulcemente exiliados.

         No hemos paseado solos. Y no por los paseantes que hemos encontrado sino por los que iban con nosotros, dentro de nosotros: han ido de una mente a otra por el puente colgante de la conversación. Es el diálogo que funda la alegría de la cultura: correspondencias que hacen que conectar A y B engendre C. Desde la autonomía intelectual analógica, sin prótesis digitales ni nubes omniscientes que nos hacen ignorantes y minusválidos de memoria fértil y significativa. Dos personas y un universo colaborativo de ideas compartidas con terceros, heredadas de terceros o engendradas por nosotros en la lectura del mundo que habitamos. Tanto tiempo conociéndonos y tan poco conocimiento real de quiénes somos, tras tanto abrazos tricolores y tantas horas de exilio compartidas, bajo la mirada de altura de nuestro Valle-Inclán (suyo y, por él, un poco mío).

         Es lo que hay”, dice la voz popular desmachadianizada, resignada, inerme ante el tsunami apisonador e incruento del capitalismo cognitivo. Hubo, hay y habrá alternativas al conformismo cómodo de las inercias impuestas desde la seducción. “Lo que quiero lo adquiero para poseerlo” (en antojo efímero y satisfactoriamente insatisfactorio): vivir por encima de las posibilidades humanas, algoritmizados, tiranizados por el ritmo cómitre del mercado de la felicidad. Pero no hay alternativa, dicen. Freud pervive en los “clickbait”, esos focos en el túnel de leds en que vivimos que nos orientan para occidentarnos (incluso desde el budismo de parque de atracciones alternativo y, por ello, con su clientela y sus turistas). El George Orwell-Nostradamus es el oráculo vaticinador y Aldous Huxley (pobre místico drogadicto) un ficcionador. La amenaza de tiranías dolorosas, con ejemplos del pasado, parece más convincente que la dictadura del placer de un futuro deseado desde las miserias de la historia. El imperativo lacera más que la persuasión coercitiva. La especulación persuasiva es el gran negocio: la interfaz es el antifaz de la nueva generación de piratas legales, con la estadística (¡Ay, matemática de Pitágoras, Platón y Descartes!) diseñando la realidad a demanda de los intereses corporativos de la libertad como fraude. El místico se abandona, se vacía, ante el abismo del universo: el suyo es un ensimismamiento sin narcisismo en busca de la sabiduría. Abandonarse ante la realidad simulada de la virtualidad es esclavismo 5G, abigarramiento minimalista: es una claudicación egoica, una acción por dejación que construye ignorancia y maleabilidad sistémica. Espiritualidad humana. Materialidad protésica. Hay una materialidad espiritual también. Y una evanescencia tecnocrática. Y es heroico parapetarse en lo lírico y ser épicos de sentimiento sin mediación de “coaches” ni gurús fantoches tuneados [con derecho de pernada meritocrática (algunas decenas de másteres –sin magisterio- en liderazgo, inteligencia emocional, “mindfulness”, heurística holística computacional o macramé terapéutico)]

         La neuroética no puede ser patrimonio de la inteligencia artificial porque será neuroalgorítmica y, por tanto, inhumana. Sigo viendo al cómitre marcando un ritmo de palada insostenible desde esta alma, este cuerpo y esta morfología de la inteligencia heredada. Quizá sea una percepción obsolescente y el presente sea ya de cíborgs, de personas híbridas expandidas en datos exógenos. ¿La incompetencia de los antiguos humanos frente a la tecnología digital es el Rubicón del progreso?

         Adaptarse no es claudicar. El trastorno adaptativo en una enfermedad social de los disidentes con consciencia. La inteligencia darwiniana, lejos de la naturaleza, adquiere unas formas exógenas que debemos saber gestionar desde sus aristas físicas para no ser devorados por la necesidad de atención diversificada en priorizaciones impuestas por el Mercado. Contemplábamos la naturaleza hasta verla como paisaje. Contemplábamos el espíritu en los templos. Ahora, zahorís tecnocreyentes, cerdos de la felicidad edénica, surfeamos sin atención sobre el espejo de Alicia verticalmente infinito de la pantalla. Sin sumisión conformista, sin resignación, desde la inteligencia dialógica y crítica, desde un posibilismo constructor de sinergias de progreso sin usura.

         Reciprocidad osmótica, correspondencias, resonancias que armonizan diálogos contra las disonancias. Afinidades electivas y afectivas desde las que leer el universo. La amistad nos humaniza. Debemos cultivarla “a lo largo” y a la ancho para poder seguir siendo personas. Lo demás es tecnoenajenación y no literatura.

 

 

Delicuescentes,

evanesciendo en ciénaga,

vuelan las mentes

 

 



 Brota la primavera en un zoom de vida. Los jardines son un simulacro logrado: arquitectura de naturalezas vivas en un trazado zombi de presuntos vivos. Ápices que en otoño serán agonía.

jueves, 25 de marzo de 2021

El diletante fértil. Vigesimotercer paseo

 

Al abrir el camino, la raíz se hace tronco al aire. Somos en la trasformación: en el abismo relativo podemos arraigar agarrados a la esperanza de querer seguir siendo.

 

            A Lali Martí, por esos abrazos prietos y sentidos que duran para cuando no podemos estar cerca, cercados y acercados dulcemente por sus brazos.

 

  “Toda forma suprema de amor es matriz cristalina y eterna. Ser bello es hacerse centro de amor y morar otra vez en el himen divino”  

 

 “Cuando nuestra intuición del mundo se despoja de la vana solicitación de la hora, se obra el milagro de la eterna belleza”

 

                Valle-Inclán. La lámpara maravillosa. Ejercicios espirituales.

 

 

“Entremos más adentro en la espesura”

 

                San Juan de la Cruz. Cántico espiritual

        

        

         Hoy no tenía previsto caminar mucho. Al amanecer había decidido, tras meditar, que no caminaría. Pero el sol me animó y, sin rumbo, empecé a dar pasos sin pensar adónde. Cuando me veo en la pista que lleva a sant Medir por la Vall de Gaussac me dejo llevar por una inercia serena. Estoy a punto de adentrarme por caminos laterales en tres oportunidades. Pasado can Borrell lo hago. Voy en busca del viaducto de can Ribes, cerca de las ruina del Casino de la Rabassada. Cuatro horas conmigo. Sin predisposición, sin planificación puede armarse también el telar de vivir.

         Abrumado de sosiego con las respuestas del poder del bosque, respiro y palpito para dar energía a mis pasos por la torrentera sobre la que me busco, azagado en silencio verde con aromas de la gama del hinojo. Centrado, concentrado y circuncentrado atiendo con consciencia voluntaria la naturaleza que me pide contemplación fluida sin pensamiento. Agudizados los sentidos, arrobado suavemente sobre mis pasos, vivo el alivio de sentirme ser en la claridad natural. Mis manos tocan el origami de la escenografía natural y mis talones huellan firmes el terreno. Mi gusto sinestesia con mi olfato e ingiero la húmeda placidez respirada de la trocha. Mis ojos retienen memorias que se superpondrán a las imágenes en las que he sido, como los reflejos del cielo en las capas de agua de una fuente. Mis orejas conectan, binaurales, con la sinfonía de minimalismo ubérrimo de ese trozo de universo. Un gato arborícola y rampante me sorprende carrollianamente con ecos de Italo Calvino.

        Entre troncos caídos y troncos erguidos, entre madera viva y madera en su otoño de humus, algunas setas saludan desde su ajedrez sin aristas, desde su tablero entrópico de vida. Una me susurra en ASMR un haiku que me traigo, memorizado, hasta aquí:

 

Lúbrica en goce

erecciona la seta.

Vulva del bosque

 

         Hay muchas lecciones en la pizarra inteligente del bosque. Incita su maestría a una meditación dinámica y holística, sextiperceptiva. Invita a pensar sobre el pensar. Descubro que puedo ser proactivo sin dejar de ser reactivo. Hay personas emprendedoras e imaginativas que construyen desde un fundamento casi virgen, que proyectan en libertad, sin prejuicios lastrantes, sin juzgar. Yo necesito una base sobre que proponer: reacciono, sin victimismo, y me prolongo esos cimientos para que sean otra edificación. Hay quien razona y quien piensa. Y hay quien intuye. El razonamiento es vertical y eficientemente eficaz. El pensamiento busca lateralidades, metáforas horizontales. Hay un razonamiento lógico y un pensamiento analógico. La intuición se cultiva desde la sabiduría, que es mucho más que razonar, pensar y meditar. La rumia del sabio centellea cuando el mundo, la energía y el yo se hacen intersección. Para esa epifanía es necesaria la contemplación: la que permite saber y sobre la que seguimos sabiendo como entrenamiento en incertidumbres. Cuánticos y digitales poblamos el mundo de máquinas. Pensantes (razón vestida de emoción) nos pensamos, nos amamos, nos regalamos en arte. Los aforismos, los koan zen, la poesía de la filosofía (a lo María Zambrano, a lo Nietzsche) nos permiten ser nosotros en resonancias, en correspondencias, mientras la ingeniería del mundo nos facilita la existencia sin quemarnos las alas en la jaula dorada del monopolio del progreso material.

         Así, ante un árbol, fuera de la prisa del tiempo, absolutos en ese relativo, podemos experimentar la eternidad de la impermanencia y llegar a sentirnos árbol. Como en el cuento de Cortázar de Final del juego “Axolotl”. Somos multidimensionales pero la urgencia nos aborta.

 

Pensar el árbol.

Eternidad madera.

Ojo entrojado

 

 

En el claro del bosque dorado de verde, un gato se abraza a la rama, farero del pino.


Quitapenas en el pesebre de la mano. La leyenda indígena y la tecnología médica convergen en la salud.  Poliédricos, combatimos las aristas del mundo.
 

lunes, 22 de marzo de 2021

El diletante fértil. Vigesimosegundo paseo

 

Así, circunscrito en analogías, azul y presencial, como un silencio pintado por Edvard Munch reinterpretado desde la serenidad por Felipe Julián Hernández Lorca, me pienso y pienso el mundo. No estoy ahora en ese ser aunque en él sea casi todo lo que puedo ser.

 

            A Cristina Lorenzo, alegría de la huerta, porque nunca le he dedicado nada y se lo merece por esa felicidad (en minúscula y cursiva) pandémica que nos regala con su presencia.

 

      “No querer comprender, no analizar… Verse como se ve la naturaleza; mirar sus impresiones como se mira el campo. En eso consiste la sabiduría”.

 

     Fernando Pessoa. Libro del desasosiego.

 

     “Car Je est un autre. Si le cuivre s’èveille clairon, il n’y a rien de sa faute. Cela m’est évident: j’assite à l’eclosion de ma pensé: je le regarde, je l’écoute…”.

 

     Arthur Rimbaud. Cartas del vidente.

                                  

 

Lo contrario de la palabra es el ruido, no el silencio” […]

Leer  es releer infinitamente, porque lo contrario de lo finito no es lo infinito, sino lo absoluto

 

Joan-Carles Mèlich. La sabiduría de lo incierto

        

         Amar es una posibilidad que nace y se expande desde el yo. Es una responsabilidad patrimonio de quien ama. Ser amado es un regalo que no depende de nosotros sino de tús concretos. Amar sin ser amado, sin reciprocidad, en solipsismo onanista, puede ser una forma de estar en el universo. Pero sería como bañarse en el mar sin sentir el abrazo del agua. Somos agua. Somos islas. Islas sin mar, endogámicas, naufragan sedientas en autarquía emocional.

         Autoscopia narcisista. La meditación es su antídoto (pero sin guías digitales, desde dentro de uno mismo, enseñado por un maestro sin usura). Se precipita el mundo en sus pantallas y nos hace huérfanos de humanidad. Vivimos en la sintaxis del cosmos como fonemas, como sonidos, como grafías, como monemas, como palabras, como sintagmas, como oraciones. Buscamos la gramática de la resonancia. Buscamos ser texto, diálogo a cuatro bandas: la del yo, la del nosotros, la del mundo físico y la de la energía de universo.

        De baja por maternidad: parir un nuevo yo por primera vez, pasar de Parménides a Heráclito, de Platón a Nietzsche adánicamente y sin anestesia pide una pausa para poder seguir con metamorfosis futuras desde la inercia de una nueva esencia evanescente.

         Sufrir la vida. Vivir en sueños. Cambiar el parámetro de la realidad como verdad: ser dormido; estar despierto. La paciencia del conductor del camión de la basura es una referencia ética.

         Contra el monopolio digital de la formación informatizada: deformación, información, conformación, transformación… Formateados somos menos nosotros  y más sistema, más esclavos de la libertad digital.

         Amar en la contemplación, fuera de lo contemplado. Por vaciamiento, por desintoxicación del ego fagocitador de alrededores. Ser en la lectura del mundo desde nuestra historia pero hacia la narración de un mundo en el somos, en los márgenes, notas complementarias al asunto.

         Vivimos en una moral y una cultura heredadas: sobre ellas debemos construir la ética pensada y sentida que dejemos en herencia. Con responsabilidad humanista, como eslabón de progreso sin egoísmo usurero. También hay una epifanía del abismo, una revelación del vértigo. En el amor de las relaciones textuales que mantenemos porque somos en ellas nos entregamos para que todo pueda seguir siendo en su secuencia dialéctica. Un destello del cielo enciende la mecha de ser y somos. El yo se hace puente en el texto que conduce a la vida. Para ello es preciso cultivar el aura, la atmósfera de ser en presencia: intensidad, tono, timbre y duración de la voz que nos toca con dedos de aire, sin píxeles ni atajos cifrados.

         La identidad es la voluntad de raíz en la transformación necesaria para seguir siendo en un mar proceloso de sirenas que cantan el liberalismo espiritual desde las inercias inducidas del liberalismo economicocentrista: autoexplotación, autoinculpación expiadas como victimismo; estajanovismo que esencializa con inciensos y  buenismo la aceptación resignada que dice repeler la sumisión y es causa y consecuencia de la derrota del mundo. Realizarnos, terminativos en nuestra provisionalidad, es el espejismo de oasis en que ser, en verdad, en el simulacro. Duelen las aristas lorquianas del progreso: sufrir no es un capricho morboso y masoquista del yo: es la estigmatización subjetiva del happyland que es esta isla de los juegos que nos dejó Carlo Collodi como herencia en su Pinocchio. La dama Azul vive en una nube en un desierto lleno de conexiones con un universo de rebuznos y bitcoins.

 

 

Piel de papel.

Eros hecho palabra.

En tinta ser.