domingo, 26 de junio de 2011

Noctiluca: bioluminiscencia de la alegría


La sencillez de la emoción, intuitiva pero producto del arte. Esta canción de Jorge Drexler, una sugerencia impresionista, minimalistamente  lírica, nos lleva a la playa oscura de Cabo Polonio, en Uruguay, iluminada cada doce segundos por el faro de tierra y cada doce segundos por esas luciérnagas del mar llamadas noctilucas, como un manto fosforescente, como una absorción lumínica de luna del agua. Más que nunca, es allí la luz como el agua, como en el cuento de García Márquez.  Esa célula con forma de melocotón, flagelada y con un tentáculo estriado transversalmente y largo, se hacina en forma de plancton costero luminiscente, como polvo de estrellas, como polvo de luna, como vestigios del sol dormido. Esta noctiluca miliaris de la zona este del Cono Sur americano llega hasta nosotros en la poesía y la voz de Jorge Drexler.

Por nuestros mares hay más pelagia noctiluca que noctiluca miliaris: también fosforece, pero es medusa urticante y su belleza entre rosa y violeta, su cimbreo marino acompasado, quedan eclipsados por el recuerdo que se saca del mar, tatuado en la piel.

Armar la trama para “amar la trama más que el desenlace”: vida que fluye y disfruta de su fluir, sin pretensión de agonía, pletórica de presente. La herida de luz del faro que abre porciones de noche, que barre también con su oscuridad el paisaje para dar paso al “brillar de las noctilucas”. Destellos interiores que hallan su correlato objetivo en el encandilamiento marino: la paternidad que se refleja en el agua oscura. La noche como “alegría anticipada” del día por venir. De los “escombros” apuntalados de la edad en la que “la certeza caduca” a la luminosa certeza de la vida por inaugurar.
Disfrutad de esta miniatura lírica: saldréis de aquí bañados en la luz de su música. Acurrucaos sobre sus notas y dejaos mecer por su vaivén. Fagocitad esos destellos oxidados: también os iluminarán por dentro. Hemos inventado la bombilla musical.



La noche estaba cerrada
y las heridas abiertas.
Y yo que iba a ser tu padre
buscaba sin encontrarme,
en una playa desierta.

Tenía la edad aquella
en que la certeza caduca
y de pronto al mirar el mar
vi que el mar brillaba
con un brillar de noctilucas.

Algo de aquel asombro
debió anunciarme que llegarías,
pues yo desde mis escombros,
al igual que el mar,
sentí que fosforecía.

Supe sin entenderlo
de tu alegría anticipada:
Un día entenderás que habla de ti
esta canción encandilada.

Brilla, noctiluca:
un punto en el mar oscuro,
donde la luz se acurruca.

Jorge Drexler, “Noctiluca” en Amar la trama (2010)

3 comentarios:

  1. Me quito el sombrero con tu literatura, tus descripciones son buenísimas, mágicas, no es que haya visualizado a las noctilucas, no, es que consigues que la imagen de éstas bellas criaturas sea tan sólo el principio, el primer destello que abre otros universos que se esconden tras su vibrante esencia, la cual, por cierto, también la sostienes, claro.

    Disfruto mucho tu escritura.

    Un abrazo.

    Gabriela Amorós -La emoción indomable

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  2. Precioso Pascual.

    Clara R.

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