miércoles, 13 de junio de 2018

Destellos XCII


 
Asertividad




         La vida es una ola infinita sin playa. Vivir es volar sobre su cresta en orgasmo con faralaes, cabalgar sobre su relámpago continuo de agua. Nada de nadar. Nada de bucear. Nada (menos) de bracear a contraola. Fluir por el cauce enhiesto que el viento labra, sin más talento que estar allí para fluir y henchirte de cantos de sirenas 5.0. Como una giralda de carne.       

         En la democracia de los surferos de espumas, de cacareo tan mediáticamente incluso, los buceadores y nadadores son endecasílabos perdidos entre versos libérrimos.

         Nubes que contienen todos los algoritmos en su embudo invisible contemplan, maternales y encriptadas, el mar. Los pecios sueñan con el éter de los dioses y las alegorías. Este cielo, tan azul, que todos vemos, qué lástima que no sea cielo ni azul, qué lástima que sea un código de barras, una telaraña de señales de cables etéreos.




Genealogía vital.
Ecosistema: Raíces, tronco, ramas, hojas, frutos.
                     Abuelos: padres: hijos: nietos.
El tronco es presente. Presente de presentes. La raíz, sin exhibición aérea, nutre y es nutrida en simbiosis por las hojas. Lucen las flores que son por ser raíz, que se manifiestan por tener un tronco en el que germinar y haber sido rama en la que multiplicar su feraz belleza.


                                                         “Quien ama porque es querida,
                                                            sin otro impulso más noble,
                                                            desprecia al amante y ama
                                                            sus propias adoraciones”

                                                                                   Sor Juana Inés de la Cruz

Dos no se aman si uno no quiere.



Disidencia en la corriente de la inercia. Y no es contracorriente.


Pincel de la raíz.
Pintura de sombra:
amarillo retama.


La realidad es lo menos verdadero.


Newton obsolesce ante la nueva ley de atracción universal: piensa en positivo y levitarás de felicidad; piensa en negativo y te transformarás en Dante ciego, sin el lazarillo de Virgilio, cargando una cruz de plomo por los círculos del infierno.


Hialina, el alma es andamio y encofrado del cuerpo.


Ha de nacer el nuevo Fausto. Y nacerá con cincuenta años. Y no querrá ser nunca joven.


Ludopatía social pedagógica.





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