sábado, 18 de marzo de 2017

Trampantojo


Con visión de altura, la luz previene del trampantojo que contiene el embudo. Es artificio sin arte, canto de sirenas sin mito.





         En el desorden organizado de la impaciencia compulsiva, sobre las bambalinas del decorado feliz que nos venden gratis (un “locus amoenus” ergonómico de realidades aumentadas y “candys”), los prestidigitadores de la usura obsolescente hacen llover “likes”. 

“Solamente / lo fugitivo permanece y dura”, dice Quevedo en su soneto “A Roma sepultada en sus ruinas”. Ahora, en este nuevo imperio, solo lo virtual dura en su efímero estar, siempre en otra parte, en un lugar sin lugar ni utopía. Es la dictadura de la incorporeidad cosificada y cosificadora. El “gadget”  (y el primero de esos objetos fue, parece, la réplica de la Estatua de la Libertad que la empresa constructora, Gaget, Gautier & Cia”, fabricó para subvencionar las obras de su instalación) tiraniza la independencia, es el centro del que somos alrededor y complemento. 

El mundo sigue siendo ancho y ajeno. Aunque clientes y turistas crean que también es suyo desde las infinitas posibilidades de su pantalla. Es una orgía de adolescentes en el cortijo global que consentimos mientras sea rentable. Las aplicaciones flexibilizan la oferta hasta el capricho, a demanda de estrategia griega en la Troya que es cada terminal.

La felicidad, sobreestimulada, cultiva yonquis dependientes de psicólogos, tranquilizantes y tecnología. La fragilidad humana es un producto de consumo. Las personas somos ya alumnos de la alfabetización emocional en un colegio privado, individuos que rinden culto al esfuerzo del deporte electrónico.





                                                                 
Dictadura de la libertad
pervertida y estandarizada:
luz al final del embudo
en la aceleración de la calma.

Ataraxia fractal
de cámara oscura
inundada
de resplandor artificial.

En orgía orquestada,
el imperativo de vivir
por delante de ti,
                                               la compulsión por adelantarte
                                      (ver tu propio entierro,
ser la sombra que proyectas)
te arrebata del que puedes ser.

Mátrix  (o la caverna de Platón)
es una realidad estenopeica
diseñada por pseudoaristóteles,
preñada de demiurgos
de futuros de embudos
palalelos al presente.
(Alhacén vive secuestrado,
feliz en su síndrome de Estocolmo,
en Hollywood)

         Cainismo disfrazado
de abelismo en este carnaval
de espumas pixeladas.

(Afuera, mentes vírgenes
gozan sin más complemento
que su alrededor)

El embudo que nos seduce
con su estrechez ancha,
con su falsa anchura
decorada de alas
y de espejos abigarrados
de espejismos,
es el trampantojo
sin arte,
usurero
de felicidades.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada