sábado, 14 de julio de 2012

Haikus IX

Dos miradas (dos espacios, dos tiempos) que crean una posible realidad falsa: alguien que mira el esplendor de la buganvilla, alza la cabeza para tomar aire ante tanto esplendor vertical y sorprende en el cielo, oxigenado ya, a los vencejos mejorando en piruetas el vuelo de los aviones que los ignoran.
No fue cierto. Ahora sí.



      

La buganvilla:
magenta enredadera:
papel de seda.





Trenza el vencejo
(desleal competencia)
la recta estela.




Para saber más sobre los vencejos (y para poder admirarlos en hermosas fotografías) no dejéis de entrar en el siguiente enlace de Tomás Crespo Andando por las ramas


domingo, 8 de julio de 2012

Virginidad prostituida





Imagen de José Antonio Gutiérrez González, Premio Nacional de Fotografía


Si queréis gozar de un paseo virtual por esta costa, entrad en el Google Earth y buscad Águilas (Murcia, España) Sobrevolaréis los acantilados del monte de Cope y os podréis detener en sus calas el tiempo que queráis. Desde allí podréis empezar a intuir la seducción de los detalles, que necesitan el contacto directo para manifestarse en su esplendor natural.


Vender el alma al diablo (a cambio de la eterna insatisfacción, no lo olvidemos) es propio de los hombres que quieren ignorar su naturaleza necesariamente mortal, su caducidad temporal. La tierra no tiene dueño, aunque hay quien la compre y la venda creyéndose en su derecho de hacerlo porque algún papel así finja acreditarlo.

La recreación virtual de lo que podría ser un atentado contra el mundo. Sus detalles los podéis conocer, por ejemplo, llegando al destino del siguiente enlace a La Verdad
Mientras las vidas se extinguen, los paisajes permanecen inmutables o levemente transformados por cambios imperceptibles para el ritmo humano. Un secarral, una marina, un cabezo o una playa son siempre paraísos exuberantes de vidas que ignoramos y despreciamos, encandilados como estamos por los verdores y ubérrimas naturalezas de otras realidades, que no son las nuestras. La vida de los aparentes desiertos tiene mala prensa. En ellos hay que engendrar, ladrillo, hormigón y maderas nobles, oasis de muerte.

Este vídeo os puede dar una idea de la catástrofe que debemos evitar

Para conocer con detalle el desastre ecológico, podéis leer el Manifiesto en defensa de la Marina de Cope que contiene, enlazado tras un simple clic, la siguiente fotografía de su Torre:


No se puede conocer el mundo siendo turista y cliente. Para vivir el paisaje es necesario no moverse de la raíz. El universo habita en un grano de arroz o una atocha castigada por el salitre y el sol: dedicar la vida a intuir su conocimiento, que nunca será total, es la gran aventura de quien se mueve porque permanece. Podemos seguir ignorándolo todo mientras pensamos que viajamos. La hipercinesia de quien viaja para llegar al falso no moverse frente a la bendita hiperestesia de quien vive la fotografía que hace siempre a la misma piedra. El segundo puede prescindir de la cámara. El primero roba trofeos al tiempo que no vive con sus gadgets: mira para un futuro sin emoción, sin presente pasado, sin melancolía adelantada… La belleza morirá en la pantalla y, otra vez, el arte tampoco será superior a la vida.
La vida, en el paraíso de la Marina de Cope, ha creado su obra de arte perfecta: ha esculpido sus relieves; ha compuesto las sinfonías de sus noches y sus días; ha dictado los poemas que susurra el viento a quien los quiere escuchar; ha destilado sutiles perfumes y sabores salobres en la alquitara de sus formas; ha pintado, decantando la luz, los azules de su cielo y su mar… Ha engendrado al dragón dormido que vigila horizontal sus horizontes. El tiempo, incluso, ha matizado hasta integrar en el paisaje fábricas humanas que pudieron ensuciar su costa. La Torre de Cope corta la brisa como un tajamar de levantes domado por los ocres, bañada en azules; como un mascarón de proa del barco de tierra varado en el mar sigue oteando la costa abierta al mundo. El puerto romano, camuflado totalmente ya en la roca que lo albergó, sigue esperando los barcos que hace siglos que no abarloan en su lomo. Y la roca, isla en miniatura anclada desde siempre como una galera en una de sus playas, sigue sin llegar a tierra seca.  O las cuevas excavadas en la piedra arcillosa de Cala Blanca, mágico castillo ahora de lo que fue vivienda y aprisco en otros presentes. Nada que ver con la construcción invasiva y destructiva de los especuladores de sueños y sombras artificiales que quieren, una vez más, prostituir la virginidad del paraíso, rijosos ante su eterna niñez. Como una Lolita sin literatura o un Tadzio sin un Gustav Aschenbach que trascienda la pureza de su belleza adolescente sin mancharla con sus manos, esta frontera con el mar, humillada, ignora su suerte. Mancillada la tierra y las aguas ya no hay vuelta atrás y la donjuanesca sed de sexo les llevará a otras virginidades más lucrativas. Ese expolio de leguleyos disfrazado de opulencia, edulcorado con falsas sirenas, somete el paisaje a un peinado mortal de saladares, tarays, cambrones e higueras en nombre del progreso y la prosperidad.  La belleza intacta se corrompe siempre cuando se toca. Clonar el bienestar globaliza la miseria porque amputa la diversidad. Un jardín no es nunca un paraíso, aunque se le pueda parecer.
Esto no es un réquiem ni una elegía: es un ditirambo. Estas fotografías, lejos de la postal turística, son una reivindicación de lo que es esta costa y quiere seguir siendo ante los ojos de quienes todavía no lo han gozado en toda su dimensión de realidad y sinestesias marineras, tragando su polvo, recorriendo sus senderos y acantilados sin barandas, disfrutando del rigor de su sol y volviendo a casa con el salitre como segunda piel. Ser sombra bajo su torre de defensa; licuarnos en su mar; ser huella en sus senderos; mimetizarse en sus camas de algas: vivir en su paisaje y llegar a ser,  momentáneamente, infinitos.  Ser ricos en desposesión para poder regresar a este lugar y a transformar nuestra ausencia en la elegía del querer volver siempre.  Pasear una mañana de febrero y no encontrar a nadie y sorprender el diálogo íntimo entre la tierra y el mar. Reír una noche de agosto con las lágrimas de san Lorenzo rasgando la negrura de un cielo no contaminado de luz eléctrica. La experiencia se extiende desde Puntas de Calnegre hasta la Ensenada de la Fuente, custodiada y aislada del continente por la sierra del Lomo de Bas: dieciséis kilómetros atravesados por ramblas (de los Pinares, Elena, del Gato, de la Galera…) que desaguan y se enraízan en playas como Cala de Siscal, Cala Blanca, La Galera, Las Pulgas, Pozo de las Huertas, Rambla Elena, el Rafal, del Charco, el Sombrerico o la siempre cambiante entrada al mejor baño de la bahía de la Torre de Cope. En cada una de ellas parece latir, en su ausencia de ostentación, una sátira minimalista a la saturación de los excesos. Contemplar el prodigio sacia nuestra sed de tierra virgen sin corromperla y nuestra hambre de agua que comemos con los brazos y los ojos.

                         

                                                   

La entrada a la playa de la Torre de Cope sorprende por su cambiante aspecto. Pero, sobre todo, porque tras ese desfiladero entre tierra y mar nos espera un arenal inmenso de un baño que no podemos acabarnos porque nos cansamos de caminar sin que nos cubran las aguas.


Dejemos que el reino de la intemperie siga campando a sus anchas, que sus dunas fósiles sigan dejándose amar por las inclemencias del litoral. Dejemos en paz al paisaje que nos da paz precisamente por ser como es, secarral fértil, por permitirnos disfrutar de su universo submarino de infinitas arenas y caprichosas esculturas rocosas. Dejemos que las praderas de posidonias invadan todo lo que puedan para dar salud al mundo. Ese recorrido de la emoción no se acaba nunca y somos nosotros los que debemos pasar por él, cambiantes y garantes de su pervivencia por encima de nuestras vidas, que deben asegurar que lo dejamos en herencia sin lucro a nuestros hijos, al cobijo de su anchura.
En los siglos XVI, XVII y XVIII, los piratas berberiscos y los corsarios turcos intentaron asolar la costa a los pies del cabezo de Cope, rica en pesca, con agua potable en la misma raya del mar y una industria almadrabera que regalaba atunes a tierra. Ahora los piratas estamos en todas partes: lo somos cuando compramos y cuando vendemos; desde dentro de nosotros mismos y desde fuera. Es lo que tiene la globalización: vivir como en Noruega en pleno litoral murciano. Apple está ya trabajando en una aplicación para su iPad en la que los clientes del resort puedan jugar con el paisaje asesinado mientras se bañan en la piscina de agua salada artificial del complejo hotelero homicida.
Marina de Cope: baluarte de la vida.










Para saber más y mejor, podéis consultar la siguientes fuentes:


http://www.youtube.com/watch?v=EBKs-Fx37co&feature=related 
Documental de hora y media que explica con mucho detalle parte de la historia y la situación de la Marina de Cope. Su título, El dragón vive, es toda una declaración contra el asesinato de su hábitat, en el que hay pruebas de presencia humana desde el Eneolítico.

http://www.youtube.com/watch?v=zQW0pxLlfec
Vídeo con información sobre la situación amenazada de esta parte del litoral murciano. Salvemos la Marina de Cope  es su título.

Diferentes webs y blogs en los que  poder leer información sobre la geología, la fauna, la flora y la situación legal y cultural del territorio:
http://www.um.es/eubacteria/marinadecope.html (Paraísos naturales mediterráneos: el Parque Regional de Cabo Cope)

http://es.wikipedia.org/wiki/Parque_Natural_de_Cabo_Cope_y_Puntas_de_Calnegre (Wikipedia)

http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Especial:Libro&bookcmd=download&collection_id=ba9a6507b862f0ca&writer=rl&return_to=Parque+Natural+de+Cabo+Cope+y+Puntas+de+Calnegre

http://www.larazon.es/noticia/6766-la-urbanizacion-marina-de-cope-echa-a-andar (Articulo publicado en La razón el 25 de mayo de 2012)

http://www.la-actualidad.com/pdf/especiales/planos_marina_de_cope.pdf (Información inmobiliaria de propaganda para albergar el "mayor complejo turístico de Europa)

http://www.ayuntamientodeaguilas.org/airmarinadecope.htm (información oficial del ayuntamiento de Águilas sobre el proyecto de construcción de Marina de Cope)

http://www.um.es/eubacteria/eubacteria2/cabocope.pdf (Artículo de Pedro Guerrero Ruiz titulado Cabo Cope. Memoria de un símbolo, en el que defiende un desarrollo sostenible)


miércoles, 27 de junio de 2012

Destellos XXXIX




Gilbert Garcin: La vie (résumé)





“Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa”

         Antonio Machado.”Proverbios y cantares”,  XLVI

“Algún día –habla Mairena a sus alumnos- se trocarán los papeles entre los poetas y los filósofos. Los poetas cantarán su asombro por las grandes hazañas metafísicas, por la mayor de todas, muy especialmente, que piensa el ser fuera del tiempo, la esencia separada de la existencia, como si dijéramos, el pez vivo y en seco, y el agua de los ríos como una ilusión de los peces. Y adornarán sus liras con guirnaldas para cantar estos viejos milagros del pensamiento humano.
Los filósofos, en cambio, irán poco a poco enlutando sus violas para pensar, como los poetas, en el fugit irreparabile tempus. Y por este declive romántico llegarán a una metafísica existencialista, fundamentada en el tiempo; algo, en verdad, poemático más que filosófico. Porque será el filósofo quien nos hable de la angustia, la angustia esencialmente poética del ser junto a la nada, y el poeta quien nos parezca ebrio de luz, borracho de los viejos superlativos eleáticos. Y estarán frente a frente poeta y filósofo –nunca hostiles- y trabajando cada uno en lo que el otro deja.
Así hablaba Mairena, adelantándose al pensar vagamente en un poeta a lo  Paul Valéry y en un filósofo a lo Martin Heidegger”

                                              Antonio Machado. Juan de Mairena.

Épica del silencio. Clonación de lo eterno: recurrencia informatizada del infinito. Arborece, mientras tanto, la vida y somos raíz. Y somos paralelos, tangenciales y complementarios a nosotros mismos sin ser siempre conscientes de ello. Somos poetas filósofos, filólogos entrojadores de tiempo verbal y versal, nominalizadores de la experiencia.

“La poesía es una aventura verbal que trata de dar cuenta de la aventura vital de una consciencia

                                                     Carlos Marzal


Sobre el ruido del ahora, el estribillo cadencioso del siempre que tiende a mitificar lo que ya no existe. Presente: sombra de ausente.
Destellos: fulgores como átomos en el vacío que nos circunda y nos justifica por la palabra.

Un centauro de Sócrates y Diógenes viaja con una puerta sobre sus espaldas. Más tarde se comprendió todo después de contemplar la misma escena en varias ocasiones: plantaba sobre sus cuartos delanteros la puerta y la abría y la cerraba, la cerraba y la abría con parsimonia segura. El gesto le permitía establecer o interferir diálogos; iniciar o finalizar caminos.
El joven de Nazaret se hizo famoso en la vida profana antes de pasar a la historia sagrada como un excelente constructor de cruces y el más diestro afilador de clavos. El suyo fue un suicidio lento y premeditado. El haraquiri no entraba en los cánones de su cultura judía.


Acudir a la urgencia ordeñándole, compulsivo y frenético, el gusto. Empuñar un nervio de sangre, un ramo, un pulso como una espada por la que entra y sale la vida. El placer es otra cosa: imaginación, calma, premeditación, alevosía y escenario

“Eternidad”, “absoluto”, “infinito”, “nada”, “todo”, “insondable”… son solo significantes de un significado sin referente. La poesía es su patria.
En los recovecos del sueño, dormitar mientras los pájaros zurcen los agujeros del silencio a picotazos sonoros
Pienso en castellano. Parlo en català. Respiro en murciano. Vivo y siento en abradeño
Pedigüeños sin humillación, los banqueros.
Entre la nada y la nada, el todo de la vida
Dios nació como solución y se ha enquistado en problema.
Rutina de lo extraordinario. Y un día, sin darte cuenta, ya estás al otro lado de tu tiempo.
Eyacular hacia adentro (¿sexo tántrico?) para engendrar ideas.

lunes, 25 de junio de 2012

Destellos XXXVIII

Mediterranean cafe (1988). Acrílico sobre tabla (51,5 x 70,5) Rudolf Häsler (1927-1999)
El bar Catalunya pasa de real a hiperreal, de realidad real a realidad transcendida: en esa imagen viven todos los bares Catalunya que han sido, son y serán el bar Catalunya.


Lo “infinito” y lo “eterno” son dimensiones de la escala poética. Son palabras sin referente real reconocible. Ante el inefable (que  no “indecible”) concepto que albergan experimentamos el arrobamiento de lo sublime en el espacio y el tiempo mentales. Como nadar en la esencia de la nada: disiparse, difuminarse, anonimizarse, anonadarse… Ser siempre apócrifo juglar de palimsestos propenso a la palinodia.
Es la palabra la superficie de un universo y estos “Destellos” su pálido eco. Desde alguno de sus extremos, Swedenborg o Baudelaire nos hablan de las correspondencias de las voces que el tiempo ha ido enhebrando en cada una de sus concreciones léxicas y que, en cada presente, se agolpan para decirnos todo lo que ya dijeron. Esa comunicación pende del todo de la nada que nos lleva y nos llena.
Misticismo ateo. Telescopio y microscopio léxico, túnel que nos acerca y sintetiza todo lo que la palabra ha engendrado al nombrar: se superponen en la última todas las voces y se hacen una, preñada y densa de historia.  Una situación, cientos de miles de experiencias y una combinación de letras y sonidos quintaesenciadores. En este “árbol” habitan todos los “árboles”. Relámpago que resuena, eterno.

El árbol se derrama en sombra. Eclipsa su copa el sol para refrescar sus raíces. Se derrite la materia para subsistir de su propia acuosidad negra. La luz lanza cigarras trenzadas en zig-zag contra los frutos estoicos.
En el hueso de la fruta habita un corazón duro para resistir los mordiscos de la vida. Y para hacer de esa pequeña tragedia de la mordida semilla de nuestras tragedias.


Un gesto: muchacha domando las negligentes bifurcaciones de las puntas de su cabello con la yema de sus dedos índice y pulgar. Lejos de ser vulgar, representa un despioje bello. Estampa sublime para un soneto barroco, circunstancia en un tiempo de twits.

En la noche de agosto los árboles beben sombra ajena, la acumulan en sus raíces para poder proyectarla, digerida y propia ya, en el mediodía refulgente.
Orgasmo mental: comprenderlo todo aquí y ahora y serlo todo por un instante.
Sentirse onda de un centro que siempre está más allá, ser siempre un alrededor. Jorge Guillén, en su centro eterno, nos mira y sonríe burlón, mallarmeanamente, haciéndole un guiño a Paul Valéry en el cementerio divino infinito en el que conmueren.
El mar, ese infinito traje de agua a medida.
Esplende, amarilla, la retama en su rama. Ilumina el campo la flor de la genista sobre su verde.
 A veces estoy tan lejos de mí que no me alcanzo: otras soy todo yo.

viernes, 22 de junio de 2012

Destellos XXXVII

Vivimos rodeados de lo que no vemos:
el aburrimiento nos abre las puertas de la percepción
y revela el detalle fotográfico que la prisa anula.



Aburrimiento de pastor o de niño, pero sin la filigrana culterana de la octava real ni la ensoñación sin palabras. Fluir por el acueducto del presente, con plena consciencia y plétora, siendo entre el pasado y el futuro lo que puedo ser mientras estoy siendo. Ser todo prólogo en la espera fértil, mientras envejece el papel de los libros, de golpe, como la epifanía abrupta de un barbecho de indiferencia de anaqueles, que revive con el tacto caprichoso, al azar, del gesto de volver a abrir sus páginas muchos años después.
Vivir al hilo de la vida, saboreando sus encrucijadas, deteniéndose en los matices que nos podemos regalar si aprendemos a mirar. Es la escuela del aburrimiento la mayor cátedra del conocimiento: el tiempo, el yo y la realidad interpretable. Diletancia enriquecedora que destila destellos de la aparente nada.
Aburrimiento: ceguera de la mente, a  contravida, dando argumentos a la muerte.
En los pupitres se despereza el tiempo. Sueña el futuro.


Angustia de la transición. Impaciencia del dejar de ser para ser otra cosa. No hay unidades de tiempo estancas.
El mar, esa inmensa clepsidra de un tiempo siempre tangencial al nuestro, pero que nos contiene.
Calca en sombra su forma: molde frío proyectado por el sol para hacer viable el estío.
Higuera: condensadora de la luz en arrope encarnado, vaginalidad comestible.
En verano las naranjas nos traicionan. La sandía nos compensa de su ausencia.
Las gafas nos protegen de los excesos de la realidad.
Ipad: el mundo, en otra parte.
Excursión de párvulos a un cementerio: simbiosis vital.
Caligrafía: arte de cuadricular las ideas, remanso del impulso vital, lexicalizado y domado por el trazo.
Contaminación ambiental: condensación de bufidos y gritos de los malhumorados y agrios habitantes del mundo.
Ritmo binario del presente (tic-tac) y del corazón (lub-dub) que hay que aprender a acompasar con el ritmo ternario del tiempo: pasado-presente-futuro; pasado-presente-futuro; pasado-presente-futuro; pasado-presente-futuro… No hay director ni metrónomo que los concierte.
Algunas mujeres se pintan las uñas porque creen que es una parte visible de su esqueleto y quieren negar la calavera que también son. Esas misma mujeres, que ignoran que las uñas no son hueso, se niegan a reír con la boca abierta para no delatar a las futuras desdentadas que serán, sin esmalte ya sobre sus dientes, que sí son hueso. Pueden, para huir de la evidencia “calavérica”, decorar su sonrisa y disimular con esmalte de uñas su dentadura. Cirugía estética incruenta contra la muerte.

sábado, 16 de junio de 2012

Destellos XXXVI

Fotografía de Eugène Atget que retiene una presencia fantasmal
(muy viva en ese instante largo que necesitaba su cámara para captar la realidad mutante del París de 1900). Retrata la Quai Conti 3.


Destellos sin vocación de constelación, pero que responden a un cielo. Lecciones de una escuela de paciencia sin pedagogía ni plan de estudios, pergeñadas por un constructor de provisionalidades definitivas. Desde la absolutez de la percepción, un balcón para contemplar las miradas despistadas. Axiomas que son intuiciones, evidencias mentales: deducciones de razonamiento lírico para una realidad poetizada. Las cosas viven, también, en el universo de nuestra bóveda craneal.
Collage. Los Adagia de Wallace Stevens se cruzan con las Odas elementales de Pablo Neruda y Canción sobre el asfalto de Rafael Morales. Se entrevera el pensamiento con la sabia y sanchopancesca lucidez del Juan de Mairena de Antonio Machado, trenzado, a su vez, con los hilos invisibles de ese dinamitar la usura de la costumbre que es Julio Cortázar. De ese cóctel saltan las chispas de estos relámpagos que, en la mayoría de sus descargas eléctricas, solo hacen resplandecer las nubes, sin llegar a iluminar como rayos la tierra. Poesía relámpago. Destellos


La evanescencia es la única substancia: agua sólida que se evapora.
Tiempo ajeno al tiempo, el de cada uno, que no es el nuestro.


La perfección se disfraza de muchas formas. También se viste de imperfección.

Substituir mi ausencia con mi presencia
Torerancia: paciencia y destreza toreras para lidiar con la bestia de la controversia y la adversidad.
Abierto herméticamente. Diáfanamente cerrado. Así, el amor, nos da lo que nos quita. A cada cual de forma diferente e intransferible.
Trayectoria aleatoria de los vencejos: plan del caos. Belleza de la entropía.
Cangrejo ermitaño: Quasimodo con vocación de tortuga desahuciada que vive de ocupa.
Arborescencias fractales en senderos que se bifurcan al otro lado del espejo.
Tiempo real: aquel en el que puedes ser consciente de lo que haces.
Arquitectura de humo. Filigranas de aire. Corazón de plomo.


Otros "cameos" eternizados por Eugène Atget en la Rue des Nonnains-d´Hyères,
un día del 1900 parisino


miércoles, 13 de junio de 2012

Haikus VIII



Ausencia de mar.
Mar sin mar, pero vivo en dinamismo futurista. Olas geométricas y verdes ondean su estático vaivén en mares planos de vainilla, entre rumores de voces y ecos acompasados, entrecruzados de bisbiseo enhebrador de la anarquía inencauzable.
El mar también llega hasta aquí, aunque no sepa mojarnos más que el pensamiento tras los ojos cerrados.
       

                         

           Sol en fragmentos.
           Gaudiniza el mar:
            Luz de cristal.
          
                         

           Frontera ambigua:
           Agua, sol, sal y arena.
           Exilio apenas.

                        

          El mar nos canta,
          pentagrama de olas,
          su barcarola.

                        

         Devuelve a sombra,
         bajo su piel azul,
         gajos de luz.

              





Tres ideas de Ábradas desde una visión de altura arrobante.