domingo, 24 de abril de 2016

La sombra de la rosa es su nombre



    




              

                                        stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus

                                               Final de El nombre de la rosa de Umberto Eco


“Si tu frescura a veces nos sorprende tanto,
dichosa rosa,
es que en ti misma, por dentro,
pétalo contra pétalo, descansas.
Conjunto bien despierto cuyo centro
duerme, mientras se tocan, innumerables,
las ternuras de ese corazón silencioso
que suben hasta la extrema boca”
      
       “La rosas I” de Rainer María Rilke

“El poema.

¡No le toques ya más,
que así es la rosa!”

         Piedra y cielo, Juan Ramón Jiménez



        Se hace la rosa sombra de la caverna platónica. Se hace nombre sin luz para ser y permanecer. Herida de ausencia.  Se hace huida proyectada desde una realidad que la tatúa en superficies. Se hace recuerdo de la rosa que pudo llegar a ser mientras desera en su ser.

         No hay usura en su transubstanciación: ajado su rojo, pervertido su silencio de aroma, apasiona y embriaga en su estela sonora que calla.

         Tres rosas ante el sol de la tarde. Tres cadáveres de belleza cultivada que cautivan en su ramo el tiempo que embocan en su corola,  brizando entre los brazos de sus pétalos la eternidad concentrada que nos regalan.

         Las espigas amortajan la esperanza de perpetuarse. Son columnas vertebrales de una muerte de las que solo las salvará, encarnada, la sombra y la palabra.



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