domingo, 18 de septiembre de 2016

Haikus XXXIV




 
Frontera de transiciones: la orilla del mar, en sus crepúsculos, entre dos aguas.


Andarivel del presente: pasado a un lado, futuro al otro, burlando la corriente sobre el puente de la duración. 

Y cada año es noticia: el calor (tan cacareado, hasta agotar las existencias de ventiladores y aires acondicionados) nos abandona. Y el frío y sus modas nos reciben. Las calles son un desfile de carnaval: los ansiosos por cambiar exhiben su invierno (y se saltan el otoño, transición de transiciones) y los nostálgicos de verano se resisten al cambio y, conservadores, se perpetúan en sus chanclas.

Ese espacio temporal nos pone a prueba porque es la clave de bóveda del pensamiento. Nos mueve la insatisfacción: ese poder inmóvil que todo lo cambia. Querer estar donde no estamos para estar mejor. Sentir el calor o el frío que no tenemos. Es el verdadero motor inmóvil.

Estos tres haikus graban en el aire del agua corriente de estos limbos la noticia que una mañana de transición lanzó la radio al efímero espacio de la nada. Acababa el verano pariendo su otoño. Yo pasaba por allí.



                                               Las transiciones.
                                      Del viejo calor nace
                                      el frío nuevo.


                                               En las fronteras
                                      vive en muerte la vida:
                                      se regenera.


                                               Insatisfechos
                                      cruzamos la raya:
                                      fértil barbecho.




 
Otras fronteras. Las de las niñeces: andariveles hacia los que ahora somos.

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