jueves, 12 de enero de 2017

Destellos LXXVIII



 
En su jardín, el sol de la tarde alarga la muerte de la naturaleza muerta.



El dinero es obsceno. Y la sangre cruel. Por eso el trueque es silencioso, intangible para activar la materialidad: confesarse ante un cajero automático mientras circula la vida por el cuerpo sin pedir permiso. El peaje de vivir sigue siendo doble en un trenzado de eje amoroso: salud, dinero y amor, como rezaba la canción, son los mimbres del ser. Pero el dinero es obsceno y necesitarlo, cuantificarlo, enriquece la usura. Y la salud, cuando se hace consciencia, empaña el vivir. El amor, como el vacío taoísta, todo lo llena. Su ser inalámbrico es la única conexión real.
        




¡Qué sensación de independencia este depender de quien vende la libertad!


El punto es el nódulo axial de la dirección y sentido de cualquier recta. Inicio y fin de camino, jánico. Puente, cruce entre tierra y agua o carretera y vía o vereda y sendero o arena y mar. El punto también abre una senda hacia adentro. La más importante: la del trayecto de la duración del presente.


Azar: algoritmo tan complejo que solo un superordenador de las dimensiones del universo puede cifrar en orden humano.


Lo nuevo reclama su derecho a envejecer.


Este instante contiene todos los tiempos. Sabes de qué te hablo, amor.


Cultura de voz de navegador.


Anagogía delicuescente: como una columna de humo, enajenarnos en la vocación de eternidad.


Hay un silencio lleno de voces: las de la esencia de la belleza que no caduca, las de la voz sin lengua de los sentimientos, las de todos los relativos del absoluto.

Contagiar felicidad es esencia de la felicidad misma. La felicidad en soledad es una isla sin mar.






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