martes, 3 de enero de 2017

Reloj de amaneceres IV: primer sol de 2017



 
El faro de Punta Negra tras los ojos de Gustavo Gillman







Postal coloreada.


Maqueta de Pascual Jiménez Carrasco

El faro de Punta Negra entre un temporal de 1971. Instante robado al olvido por Antonio Navarro García.  

En presente, lo que queda. El sol, el mar y el cielo son los mismo en su perpetuo renovarse para seguir siendo y siéndonos.






                                      Todo lo inventa el rayo de la aurora

                                           Jorge Guillén. “Amanece, amanezco” en Cántico
                                              
(Y su víspera necesaria es la noche)


                                    
         La misma ruta siempre es nueva. Piensas, al vaivén de las bielas de los pasos, iluminaciones que matizan el paisaje recorrido. La sístole y diástole del recordar se entrelazan con proyectos: en ese espacio presente que se desplaza bajo tus pies tejes la trama que es tu vida.

         Águilas recibe el nuevo día del nuevo año con nubes. Las primeras claridades revelan los restos del naufragio de la noche.

         Por la esquina roma de una nube, el sol se hace puntero láser y quiere, ígneo, dar carmesí al horizonte. Los haces encarnados en día se multiplican y, perpendiculares al mar, centran la Bahía de Levante como un castillo de fuegos contemplados por un Paseo de Parra vacío (aunque conteniendo todos los momentos en que rebosa magmático gentío)

         Desde el rompeolas verás mejor este abrirse del día. Te encaramas a los vestigios del viejo faro de Punta Negra, bajo la esbelta silueta de la nueva antorcha a los pies de la fortaleza, y te paras a disfrutar el momento. Es todo tuyo. Todo está en él.

         El rojo va haciéndose naranja y ampliando su foco. La copa de las nubes emblanquece  hasta amarillear en levedades matizadas de grises que parecen elevarse horizontales sobre el ya ámbar de la paleta celeste que hoy solo tendrá de malva la vocación. Cruzan embarcaciones, gaviotas y un acrobático cormorán. Todavía no hay sombras de esta luz recién nacida. Cuando el sol consigue  tramontar la cordillera de nubes y coronarlas el pueblo despierta y el milagro de la amanecida queda ya para los coleccionistas de pérdidas. Mañana tendremos otra oportunidad de merecer esta epifanía que nos regala cada día. Cuando el azul primario haga suyo el naranja y lo anestesie en blanco, dejaremos de mirarlo y seremos en él felices paseantes del día. Poco a poco, indiferente a las miradas, el cielo se va aborregando hasta conducir su ganado, pastor de horizontes, hacia el redil de poniente, donde volverá a prenderle fuego al aire.

         Sobre los casi invisibles vestigios del viejo faro desnaufragador de 1860, a la sombra imposible de la nueva luz atalayada desde 1973, el día nos abraza para, sol mediante,  hacer nuestro este 2017 en pañales desde sus primeras horas de luz. No hay mejor faro que el día para marcar rumbos y dirigir sombras.


 
"El cielo se va aborregando hasta conducir su ganado, pastor de horizontes, hacia el redil de poniente, donde volverá a prenderle fuego al aire".









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